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Cada año que pasa tengo la sensación de que el 8 de marzo se vuelve una fecha en la que estamos obligados a escuchar burradas que quitan el sueño a cualquiera. Es un día rodeado de declaraciones políticas surrealistas. Donde la propia importancia del hito se diluye en la mediocridad de sus detractores. De curas a líderes conservadores. El 8 de marzo pasa de ser un día de reivindicación necesaria, a un día para justificar lo injustificable. Me explico:

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Entiendo que somos humanos. Con nuestros defectos. Nuestras ideas y nuestras cosas de animales. Pero es cierto que alguno (a) se ha tomado esto último demasiado al pie de la letra. Si uno se fija en la presentación de capturas de noticias de arriba, verá una en cuya foto aparece un señor de gafas, mezcla entre el Bufón Calabacillas y Rompetechos que dice algo así como que las feministas llevan el demonio dentro, o que éste las posee, o que en el infierno hay orgías entre demonios, feministas, homosexuales y niños (estos últimos por ir provocando a los humildes siervos de Dios en la tierra, que no hacen más que luchar contra las continuas provocaciones e insinuaciones de monaguillos ligeros de cascos). Y en cada captura, las declaraciones van mejorando.

En otra, una insumisa Cristina Cifuentes, aguerrida lideresa de un nuevo pseudifeminismo de derecha progreasegura que hará «huelga a la japonesa» para demostrar su compromiso con la causa. De hecho, desde el Ministerio de Empleo, Fátima Báñez asegura que no cree que el sistema soporte la caída de precio del prurito genital, debido a que con el aumento de horas de trabajo de políticos que prometen “huelgar a la japonesa”, su producción se disparará en los próximos días (meses / años), cayendo así su valor de mercado. Demasiado rascarse los huevos / vulva en muy poco tiempo. Seguro que esa trabajadora de una fábrica de montaje estará encantada de pasar de 70 ensamblados por hora a 140 para secundar esa gilipollez de la huelga japonesa. La nueva patraña inventada por el fascismo cool para menospreciar el paro feminista del 8 de marzo. También podría acercarse la ministra de Agricultura, García Tejerina (ferviente seguidora de esas huelgas japonesas del Barrio Salamanca) a varear olivos 20 horas diarias al sol, para demostrar a las mujeres que se parten el lomo cada día en el agro cómo reclamar sus derechos correctamente.

Argumentario del PP sobre la huelga convocada el 8 de marzo

 

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Para concluir, me gustaría reconocerle algo de mérito al PP en su argumentario sobre la huelga. Y es que no puedo más que romper una lanza en favor de un superhéroe del Partido Popular de Badajoz, Celestino Rodolfo. Concejal rancio de día, pseudohistoriador de noche. Con su alegato a la homosexualidad de Alejandro Magno para (intentar) desmontar la hegemonía heteropatriarcal de nuestro tiempo ha movilizado a más personas para la huelga feminista del 8M que Comisiones Obreras, UGT y CSIF juntos. Gracias a que en nuestros días existen representantes públicos tan o más cavernícolas que este señor, la lucha es más que un derecho. Es una obligación. Está claro que no todos los héroes llevan capa.

 

La verdad es que el panorama político se presta a la parodia. Frivolizar es uno de los mecanismos que me está permitiendo leer lo que leo sin tener que contener el reflujo de mis jugos gástricos hacia el esófago. Pero el tema es serio. Y declaraciones como las anteriores demuestran que la lucha por la consecución de la igualdad real tiene que continuar. Existe brecha salarial, a pesar de que el presidente del Gobierno prefiera decir “no nos metamos en eso, eh, demos pasos en la buena dirección, que normalmente es como se resuelven mejor los problemas”.  Las víctimas de violencia machista aumentan de forma alarmante en nuestro país. Aumenta también el número de menores implicados en casos de este tipo. Y siguen los asesinatos machistas. Desde que en 2003 comenzó el registro oficial de víctimas de la violencia machista, 924 mujeres han sido asesinadas. Por eso es imprescindible seguir luchando. Y entender que si ellas paran, se para el mundo.