Etiquetas

, , , , , , ,

Cuando abrimos una red social, cuando buscamos un trabajo o, cuando simplemente nos presentamos a alguien nuevo, lo solemos hacer exhibiendo un exuberante abanico de éxitos solo comparable al número de fracasos que ocultamos. Mostramos todas esas cualidades y pros que, según van pasando las semanas, los meses… los años, debemos mantener de forma imperturbable. Hemos crecido con la obligación de hacer justicia a nuestra propia autoimagen. Aunque esta no parezca más que la sombra del 1 % de lo que somos. Todo ello sin los fracasos y los contras, claro está. Vivimos en una sociedad falsa, construida por y para falsos.

BM1

Vivimos en la dictadura del like

Imagínate que buscas trabajo. Imagínate que eres un científico especializado en biotecnología, de los mejores en tu campo. Tienes más de diez años de experiencia sin contar todo ese tiempo dedicado al estudio en una carrera académica modélica. Envidiable. Prácticamente lo único que te falta es encontrar la cura del cáncer. Sí, y que además de eso, tienes migraña. Una simple migraña que va a provocar que, a lo mejor, una vez cada dos meses tengas que faltar al trabajo porque la luz de una pequeña lámpara hace que tu cabeza gire sobre si misma en un torbellino de punzadas más dolorosas que puñales oxidados. Llegará el día de la entrevista y en el currículo no habrá una mínima mención a esa migraña, como es obvio. Yo tampoco la pondría. Nadie en su sano juicio lo haría si pretende ser contratado. Ya sabes:

  • Entrevistador: «Bien señor Martínez, un currículum impecable. ¿Cuál diría que es su punto débil, su mayor defecto?»
  • Tú: «Bien… soy demasiado perfeccionista»

Un clásico. A ti también te suena. Sería necio poner que sufrimos episodios esporádicos de epilepsia. Que tenemos ataques de pánico. Que le tenemos alergia hasta a la alfombrilla del ratón. O simplemente que cuando nos ponemos nerviosos tenemos que utilizar más veces el baño porque es nuestro bajo vientre y no nuestro cerebro el que gestiona nuestra ansiedad. Pero, ¿sabes por qué no lo hacemos? Por lo mismo que en la escuela nos enseñan a triunfar, pero no a entender por qué fracasamos. Por lo mismo que subimos un Instagram stories sonriendo en el chiringuito de la playa aunque por dentro estemos sumidos en un episodio depresivo. Porque vivimos en una sociedad en la que prima más lo que pareces que lo que eres. Y las lágrimas deben esconderse. Porque nuestro servilismo y falta de juicio crítico valen más que nuestra inteligencia emocional. Porque, básicamente, nos educan para ser un robot más, y no un ser humano. No interesa que, desde pequeños aprendamos a gestionar y comprender nuestras emociones.

Sería cínico decir que en mi currículo lo primero que pone es: «Hola, soy Sergio Casal . Periodista con el colon irritable», porque lo que en verdad pone es «Sergio Casal: periodista especializado en Comunicación Política». Pero me reservo en estas lineas el derecho a reflexionar acerca de la hipocresía y la falsedad de una sociedad . Y además, para añadir a mi currículo un fracaso. Una amenaza que se ha convertido en oportunidad. Una debilidad que a pasado a ser una fortaleza en mi DAFO vital.

Hoy, me he convertido en “Sergio Casal: periodista ansioso que hizo un gran trabajo con sus compañeros durante dos años en Politizen y que, tras intentar darle continuidad, fracasó y decidió dimitir”. Y con la cabeza bien alta añado el verbo fracasar. Porque no lo considero en absoluto negativo. Porque me ha enseñado y lo seguirá haciendo. Porque se une a una gran colección de fracasos que, junto a algún que otro triunfo, hacen de mí lo que soy. Y no podría estar más orgulloso de eso. De ser. De ser humano.