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Estimado Antonio Navalón:

Me presento. Mi nombre es Sergio Casal y tengo 24 años (julio de 1992). Soy periodista (espero que no como usted). Tengo un máster en comunicación política y actualmente, además de llevar (por suerte y no sin esfuerzo) dos años independizado gracias a poder trabajar de lo mío, estudio la carrera de Ciencias políticas y de la Administración. Es decir, que soy un ‘sísí’. Ah, sí, se me olvidaba: soy ‘Millenial’.

Qué le voy a hacer. Soy de esas personas que —parece ser que por desgracia— pertenece a la generación nacida entre 1980 y 2000. Esos que, según usted, no tenemos más ideas que «los filtros de Instagram». No obstante, he de reconocer que, por suerte para la humanidad, ustedes los ”baby boomers’ no han crecido en esta era. ¿Qué mundo tendríamos si José María Aznar (un año más joven que usted), un genio que ha logrado compaginar su pasión por el belicismo con el culto a su propio físico, hubiese sido un ‘Millenial’ como los que describe en su polémico artículo ‘Millennials’: dueños de la nada?

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Si Aznar hubiese sido ‘Millenial’ | DRAMATIZACIÓN

En fin, que me pierdo en falacias. Sobra decir que es una estupidez hacer un alegato a la generalidad para argumentar con semejante pobreza. A lo mejor usted se ha cruzado con un joven que no le ha dado los buenos días. O ha visto a dos chavales besándose y ha sentido envidia por la espontaneidad e impulsividad de su juventud. No le culpo. Debe ser frustrante observar cómo el mundo avanza y otra generación toma el control mientras uno se atrinchera en dogmas arcaicos y conclusiones producto de la demencia transitoria del propio ensimismamiento. En el fondo, me da algo de pena. Pero aún así voy a tratar de enseñarle por qué sus argumentos carecen de lógica:

Los ‘Millenial’ y el Instagram

«Me encantaría conocer una sola idea millennial que no fuera un filtro de Instagram o una aplicación para el teléfono móvil. Una sola idea que trascienda y que se origine en su nombre».

Más allá del detalle de que —al contrario que usted— yo no promociono de forma incisiva mi cuenta de Instagram en Twitter, existen cientos de miles de casos que no solo contradicen su ridícula declaración, sino que le tendrían que sacar los colores. Para muestra:

Brittany Wenger (1994) (dos años más joven que un servidor) inventó en 2012 un software de inteligencia artificial capaz de realizar una detección precoz del cáncer de mama con un 99% de fiablidad. O más cerquita, Arantxa Unda, CEO de la prestigiosa empresa de software médico SIGESA, número 1 de los “30 under 30” de Forbes.

Sin aspiraciones políticas

«Sin embargo, no existe constancia de que ellos hayan nacido y crecido con los valores del civismo y la responsabilidad. Hasta este momento, salvo en sus preferencias tecnológicas, no se identifican con ninguna aspiración política o social». 

Al parecer, las aspiraciones políticas tienen que ver con posicionarse en un escenario maniqueo que nos dibuja un panorama blanco o negro. PSOE o PP, más concretamente. El mapa que lleva dominando las encuestas de clima social desde hace décadas, donde dos partidos que representan el inmovilismo de un sistema más centrado en el mercado que en las personas, ha provocado una ola de desafección que, curiosamente, ha llevado a mi generación (entre otras) a las calles y las plazas en mayo de 2011. Para pedir reformas. Para pedir paso en las instituciones. Para coger el timón. Porque, como decía Juventud sin Futuro en aquellos años, «quisieron robarnos el futuro, pero sólo nos quitaron el miedo». Porque si, señor Navalón. Yo también soy 15M. Y los jóvenes de hoy, somos hijos de un mundo fabricado por los excesos de una generación que olvidó que, después de ellos, veníamos otros. Y que el planeta no era suyo. Pero eso no quiere decir en absoluto que no nos preocupemos por la política. Al contrario. La política es mucho más que votar cada cuatro años. La política para mi generación tiene que ver con formarte cinco años en la Universidad para tener que emigrar porque en tu país no se valora el capital humano. Tiene que ver con trabajar de camarero (sin ánimo de ofender) mientras estudias para poder pagar tu carrera. Tiene que ver, con que los jóvenes no nos conformamos con dar nuestra confianza ciega a unas siglas. No. Queremos ser protagonistas de nuestro futuro. De las reformas y los cambios que llevan años prorrogándose pero serán inevitables.

Y no se confunda, buen hombre, porque al afirmar que nuestra falta de responsabilidad «tal vez explique la llegada de mandatarios como Donald Trump»,  demuestra un desconocimiento tanto de datos como de cultura política, ya que el votante ‘tipo’ de Donald Trump es hombre, blanco y mayor de 50 años; es decir, como usted.

Lecciones de responsabilidad, las justas

Lo más hilarante del discurso de este columnista apolillado, es su necesidad continua de exigir responsabilidad y compromiso por parte de los ‘Milenials’, llegando a advertir que «el resto del mundo no está obligado a mantenerlos porque vivieron y fueron parte de la transición con la que llegó este siglo del conocimiento». Un hombre que no solo ha sido mantenido por el Estado, sino que ha dedicado gran esfuerzo y tiempo a succionar las arcas de Banesto junto a Mario Conde, y ha llegado a deber dos millones de euros al fisco, que en 2015 lo incluyó en la lista de los mayores morosos de Hacienda. ¿Qué lecciones de responsabilidad quiere impartir usted a nadie, señor Navalón? A lo mejor es que su artículo es la simple pataleta de un columnista frustrado que, en sus últimos coletazos profesionales, trata de llamar la atención como sea. Si es así, le doy mi enhorabuena, pues lo ha conseguido.

Somos jóvenes, pero tenemos Memoria

«Su falta de vinculación con el pasado y su indiferencia, en cierto sentido, hacia el mundo real son los rasgos que mejor los definen».

Por último, y no por ello menos importante, me gustaría que tuviese en cuenta que los que hemos nacido en democracia, también tenemos Memoria (con mayúscula). Y luchamos por recuperarla. Porque mientras algunos ‘Millenials’ compañeros de profesión dedican sus esfuerzos precisamente a eso, a Recuperar la Memoria, los líderes de su quinta que hoy nos gobiernan dedican cero euros del Presupuesto General del Estado a la Memoria Histórica, incumpliendo de esta forma la ley. ¿Quién es el que no está comprometido con el Estado de Derecho entonces, señor Navalón? 

Ahórrese las disculpas, ha quedado retratado

 

En fin, sus disculpas, en un pobre intento de no perder seguidores al más puro estilo de lo que usted considera ‘Millenial’, no demuestran ni humildad, ni mucho menos tener «en su ADN la función de escuchar». Más bien demuestran la debilidad de unos argumentos que, a la mínima respuesta de una generación que usted presumía callada, se derrumban. De la misma forma que lo hará el modelo social que sus contemporáneos nos quieren dejar en herencia y usted alimenta a través de artículos más bien poco constructivos para la sociedad. Porque sí, estimado Antonio Navalón: soy ‘Millenial’. Pero, ante todo, soy un ciudadano del mundo. Y, como todos los jóvenes que ya le han contestado, no me conformo simplemente con escuchar sus disparates. Yo, también respondo.