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La verdad es que me da pereza escribir sobre el comportamiento antidiluviano del personaje, sobre su cabeciña tan particular digna de estudio psicológico. Porque detrás de manifestaciones como la suya, tan cargadas de odio y animadversión, suele haber una experiencia traumática o una educación represiva o una eliminación del verdadero impulso sexual que a menudo se resuelve, paradójicamente, atacando aquello a lo que se tiene miedo de pertenecer. Pero eso formaría parte de un estudio psiquiátrico que no me corresponde. Y digo que me da pereza escribir sobre esto porque me jode darle eco, aunque sea para mal, a tal ejercicio de lo ínfimo mental. Además, para escribir esto he dejado de recoger las boñigas de las vacas sobre el camino veteado por las amapolas que serpentea alrededor del bosque, por no decir, cayendo en la fatuidad, que hay muchas cosas que hacer en el día a día por uno mismo, sí, y por los demás.

Las manifestaciones del abogado Lorenzo Martínez son incompatibles con el ejercicio de una profesión que se ocupa, a través de eslabones de un mismo engranaje –abogados, procuradores, jueces- de hacer cumplir la justicia que dimana de un corpus legislativo resultado de lo que conviene al conjunto de la sociedad, en un lugar y en un tiempo, para que los principios que la sustentan sigan alimentándose. El señor Lorenzo Martínez se enfrenta de pleno contra esos principios: igualdad ante la ley, respeto a la pluralidad, reconocimiento de los derechos íntegros en la distintividad, laicidad del Estado, etcétera. Con sus manifestaciones homófobas incurre, dada su condición inseparable de instrumento en Administración de Justicia, en un ilícito penal. Sus opiniones en el ámbito privado, aún siendo igualmente lamentables, quedarían reducidas a ese universo pequeño en el que lo patético se puede ocultar, como el polvo bajo las alfombras. Pero pronunciadas públicamente lo inhabilitan en el ánimo de los juicioso para obrar con observancia de los derechos fundamentales y lo privan de credibilidad para defender un gran número de supuestos. Esto no tendría mayores consecuencias en el caso de acceder a la elección de abogado con libertad. Pero no hay que pasar por alto su lamentación, a mayores, porque el PP haya respetado lo legislado durante el Gobierno de Zapatero acerca del reconocimiento del matrimonio homosexual o del derecho adopción por parte de parejas homosexuales. Tiene el “coraje”, aplaudido por el presidente de la Asociación de empresarios de Sada, de atribuir esa inacción vetando las conquistas sociales del colectivo LGBT probablemente a presiones del lobby gay y al miedo a perder apoyos electorales nada menos. Juicios que nos retrotraen al estado de la cuestión durante el franquismo. ¿Se imaginan ustedes a este abogado en el turno de oficio? ¿cual sería su proceder, por ejemplo, en los casos de agresión física, verbal o de atentado a los derechos de los homosexuales, lesbianas, transexuales que desgraciadamente se siguen produciendo con frecuencia en nuestra sociedad?

“Entrar en el pantanoso mundo de lo natural o contra natura excedería con mucho las modestas aspiraciones de un artículo que viene sirviéndose de no más de 500 palabras. Si acaso advertir que es en la homosexualidad donde existen consentimientos otorgados con plena validez por quiénes participan de tales actos, lo que la situaría éticamente en un plano más elevado que el bestialismo o la pedofilia, pero a la par, siguiendo este mismo argumento, del incesto o la poligamia”

Seguramente se puso estupendo el señor Lorenzo Martínez cuando escribió esto calculando el aplauso tabernario de su círculo. Pero fuera de él, sus palabras no merecen más que el desprecio por parte de la sociedad evolucionada y todavía algo más contundente por parte del Colegio de Abogados: la inhabilitación para el desempeño de sus funciones profesionales.

Otra cosa es el apoyo del presidente de la Asociación de empresarios de Galicia. Ahí debe ser el colectivo de emprendedores el que juzgue si quieren que les represente y ostente la imagen de marca del colectivo ante la sociedad y en las gestiones con las administraciones y otros agentes un tipo que califica de valientes las palabras que demonizan y ensucian el ejercicio de la sexualidad en libertad entre adultos.

Franco y Stroessner, figuras ejemplares en la persecución, tortura y asesinato de homosexuales.