Duele. A muchos. El hecho de que tu condición humana, las puertas que se abren y se cierran ante ti, o el valor que tienes para la gente no dependa de la cantidad de billetes que sacas de la cartera. Les duele. Y mucho.

En esta ocasión voy a ir directo al grano, sin circunloquios. Es muy fácil hablar de democracia, de derechos y libertades desde la comodidad del tertuliano. Me provocan bastante gracia este tipo de personas que se hace llamar “constitucionalistas” y reparten diariamente lecciones sobre la ventaja que España tiene en materia de libertad y derechos fundamentales con respecto a las terribles repúblicas bananerocastristas-bolivarianas. En este caso particular me refiero a Cuba. Y me refiero a los columnistas del diario La Voz de Galicia Gonzalo Bareño y Roberto Blanco Valdés.

No se preocupen, señores, no les acusaré de ninguna suerte de conspiración judeomasónica con la CIA para desprestigiar la imagen de Cuba en columnas pagadas con dólares norteamericanos. Más quisieran. Aún siendo catedrático, señor Valdés, no lo leen a usted ni en su casa. Me refiero a su periódico. Ese mismo que lleva décadas viviendo de las rentas de una Xunta de Galicia que retroalimenta con subvenciones al medio que le sirve de megáfono. ¿Cómo se va a hablar mal de una institución que otorga sumas anuales que han llegado a alcanzar prácticamente el millón de euros en el año 2010 (datos del Boletín Oficial del Estado), 700.000 euros más que, por ejemplo, Faro de Vigo. De la misma forma que no se va a hablar mal de una gran superficie que pone cientos de miles de euros en publicidad, aunque se de algún escándalo en su seno. ¿Dónde está entonces la libertad de expresión de sus periodistas?

Pero volviendo al tema de Cuba, para Bareño, por ejemplo, parece que en España «hay una mayoría de medios y partidos que simpatizan con el comunismo estalinista», cuando no hacemos más que ver portadas y tertulias en las que se habla de Fidel Castro como el peor dictador desde que el mundo es mundo. El rojo del saco. El coco caribeño. El terrible asesino que además de conspirar para matar a Kennedy (¿o fue a la inversa?), ayudó a Manolo el electricista a meter en su galpón el Códice Calixtino. Y sabe dios el número de desgracias de las que es responsable junto a Corea del Norte y Satanás y aún no conocemos. Supongo que el señor Bareño se referirá a esos periódicos -los menos- que, como ha hecho la ONUhan reconocido la figura de Castro como un símbolo de la solidaridad mundial. Esos medios que han elogiado los logros del castrismo y a la vez han querido señalar las deficiencias del propio sistema que, como absolutamente todos, es imperfecto. Luego están los que solo escupen odio en sus palabras, como estos columnistas.

En un tono más irónico y arrogante se expresó el día 27 el profesor Roberto Blanco Valdés, quien no dudó en, al más puro estilo Pérez-Reverte, otorgarse la autoridad moral de juzgar como inferiores a todos esos izquierdosos que viven cegados por su idealismo: «(…)  el mito de Fidel ha resultado tan potente como para encandilar a millones de personas, que, subyugadas por una absoluta fantasía, han demostrado durante años y años ser incapaces de ver, o de aceptar, la realidad que se esconde detrás de todo ese grotesco teatrillo: una terrible dictadura y una sociedad que, paralizada por un patológico culto a la personalidad, ha soportado decenios de autoritarismo y de miseria».

Al contrario que Gonzalo Bareño (que fue hace 25 años con su carpeta forrada con la imagen del Ché y no se sabe si volvió -a interesarse por la isla-), yo no he estado en Cuba, y no me siento con la autoridad de hablar por su gente, como ustedes hacen a diario. Pero lo que sí se y siento, es sonrojo. Sonrojo al ver como estos catedráticos del show mediático son capaces de sacar pecho en materia de derechos y libertades con respecto a Cuba desde un país que presenta serias carencias tanto de unos como de otros. Y es que desde su poltrona de billetes ganados a través de una insulsa berborrea, señor Valdés, su “Ojo Público” no es capaz de apreciar la realidad. Le invito encarecidamente a que pase una noche en uno de los muchos CIEs de nuestro Estado, esos espacios de apartheid exentos de legalidad donde los derechos humanos suenan como un rumor en la lejanía; a que de un paseo por la frontera de Melilla e intente sortear sus concertinas o a que cuente los metros de cola de los comedores sociales. Le invito a que explique a los 2,3 millones de niños y niñas que viven bajo el umbral de la pobreza en España, con la misma clarividencia con la que critica el sistema cubano, por qué esa noche no van a cenar (“¡Demagogiaaa!, ¡Populismo! uh… ¡Vete a Cuba!”). Las verdades duelen como balas.

Pero lo que a ustedes, amigos, realmente les duele, no tiene que ver tanto con Fidel Castro, con la opinión del mundo hacia su figura o con el legado que vaya a dejar y el futuro de Cuba. No. Lo que les duele es que en estos países, la libertad no te la da un billete. El dinero que desembucha La Voz por sus columnas no les daría el respeto de sus gentes. Con sus lustrosos trajes de marca y su “posición social”, no tendrían el título de intocables. Al contrario que en España, su condición de seres humanos no se mide por la cantidad de ceros de su cuenta corriente. Y eso, a los que cobran por una columna lo que un becario por un año de trabajo, les hiere profundamente.

Por eso, a los que consideramos que la libertad está en poder comer todos los días, en poder acceder a la Universidad de forma gratuita y en vivir con dignidad, y no en decidir si compro Lacoste Ralph Lauren mientras en mi calle duermen cuarenta personas sin techo, Fidel Castro perdurará como un ejemplo de que, a veces, los ideales ganan a los billetes.

 

Artículo original: www.cubainformacion.tv/index.php/politica/72124-la-muerte-de-fidel-en-los-medios-verdades-como-balas

Artigo orixinal en galego: http://praza.gal/opinion/3699/a-morte-de-fidel-nos-medios-verdades-coma-balas/