Hablaremos más tarde, Fidel

Antes de empezar este artículo estaba convencido de que publicaría una carta que escribí a Fidel Castro Ruz (Birán, 1926) hace un tiempo, pensando en si moría antes de poder conocerlo. Hoy, sé que esa carta será para mi. Me la llevaré a la tumba. Ha muerto Fidel.

Las personas que me conocen saben que nunca he bajado la cabeza al decir que necesitaba hacer una cosa antes de dejar este mundo, y era mantener una conversación con Fidel Castro. Sé que viajaré a Cuba, que recorreré las calles de la Habana, que hablaré con sus gentes y fotografiaré los “almendrones”. Que respiraré el aire del Malecón… Pero no hablaré con aquel cuyo nombre es, y siempre será, Pueblo.

Creo que lo bueno de admirar a un personaje que despierta amor y animadversión a partes iguales es que su legado nunca perecerá. Porque es así, Fidel, la historia no tiene que absolverte. Tú has creado una historia para tu pueblo. Tú creíste y Cuba salió adelante. Tú has vivido con una mochila cargada de amenazas y odios. Hay incluso quien te acusa de algo tan doloroso como haber traicionado y abandonado a tu compañero, Ché, cuando nadie excepto tú comprendió el plan que Ché tenía para el mundo. Y no sólo rescataste a Cuba, no. Rescataste a América Latina. Rescataste la Revolución y rescataste el socialismo. Tu historia sigue viva en los que quedamos. Y nosotros no te tenemos que absolver de ningún pecado. Porque para nosotros ganaste el mundo que tenemos.

Creo que en esta situación no odiaría nada más que caer en el típico panegírico recordando Moncada, Playa Girón, Santa Clara, Sierra Maestra… aquel 1 de enero de 1959 en el que la Revolución cambió la historia de América Latina… No me interesa adoctrinar. No quiero explicar qué significo el Movimiento 26 de julio o las razones sociopolíticas que explican que un grupo de guerrilleros en una montaña consiguieran el apoyo de todo un pueblo. Yo sólo quiero despedirme. Quiero que quede entre tú y yo, Comandante. Amigo.

De la misma forma en la que tú atribuiste a José Martí la autoría intelectual del 26 de julio en tu alegato de defensa en 1953, yo te atribuyo la autoría intelectual, teórica y práctica de cada una de las llamas que prenden en la Revolución que todos llevamos dentro.

Y no pienso hacer alusión a aquellas personas que ensucian tu nombre derramando tinta con olor a barras y estrellas, porque sería manchar esta despedida.

Sólo recordaré que tomaste un país invadido por el desempleo y la miseria. Un país donde la mitad del agro no sabía escribir. Donde los niños morían “devorados por los parásitos”. Donde los terratenientes vivían a costa de los trabajadores y los norteamericanos habían instalado su particular burdel con el beneplácito del tirano Fulgencio Batista y su Servicio de Inteligencia Militar pagado con dólares norteamericanos. Y devolviste el único país de América sin desnutrición infantil, declarado paraíso internacional de la infancia, donde ningún niño duerme en la calle. Primero en eliminar la transmisión de madre a hijo del VIH gracias a ser el país que más parte de su PIB invierte en educación. Nos regalaste el ejemplo de que la Revolución es posible y de que un pueblo culto, es invencible.

Tú, Fidel, nos regalaste la esperanza de que una buena persona no tiene precio, ni siquiera para el imperio más despiadado de la historia. Nos enseñaste que se puede sobrevivir a la asfixia más de 50 años sin hincar la rodilla. En tus Reflexiones de estos últimos años nos recordaste que “No necesitamos que el imperio nos regale nada. Nuestros esfuerzos serán legales y pacíficos, porque es nuestro compromiso con la paz y la fraternidad de todos los seres humanos que vivimos en este planeta”.

Desde Oleiros, donde somos hermanos de tu pueblo. Desde la tierra de tus ancestros, me despido de ti, compañero, con la esperanza de que algún día nos encontremos y podamos charlar largo y tendido. Aprovecha en tu muerte toda la Paz que has ganado para tu pueblo en vida. Buen viaje.

 

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