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Muchos no resistirán la tentación de meter en el mismo saco a todos los nacionalismos. Pero no tiene nada que ver la defensa de lo diverso maltratado con la expresión xenófoba que ve una amenaza en la incorporación de ciudadanos de otras culturas y latitudes. Trump ha tenido la habilidad de vehiculizar esta última disfrazado de antisistema, cuando se ha servido precisamente del Sistema para forrarse hasta las cejas. Además en el seno de los demócratas se optó por la pérdida de posiciones socialistas más definidas que hicieran llegar a grandes capas de la población la apuesta clara por la mejora y extensión universal del estado de bienestar. La elección hubiera sido Sanders, capaz de poner contra las cuerdas a Trump no en razón de su machismo o de su odio a los mejicanos pobres -no tanto así a los cubanos de Florida- sino con la puesta sobre la mesa de los programas, cuestión que ha estado ausente en toda la campaña.

Como los británicos que votaron sí al brexit, los estadounidenses no tardarán en tomar conciencia de lo que supone depositar sus esperanzas en un republicanismo que, parapetado bajo la bandera de la defensa de los viejos valores patrios, va a aplicar una política de recortes en materia de prestaciones y bienestar social draconiana mientras los lobies, también los que controlan la venta de armas y la geoingeniería,  se harán aun más dueños de la riqueza del país.

 

 

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