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Si la política se rigiera por la lógica, PP y PSOE no estarían legitimados para presentarse como la solución para el país teniendo en cuenta el calado de sus casos de corrupción. En el caso del Partido Popular, el día a día nos va mostrando que su afección es un fenómeno sistémico que alcanza a todos los casos donde ha habido ejercicio de poder, con opacidad y con total impunidad hasta que los cuerpos de Seguridad –nunca las auditorías internas, jeje- los han destapado.

Los “errores” encadenados de los dos grandes partidos han afianzado los problemas estructurales del país: bajo nivel de industrialización, dependencia excesiva de un sector servicios sobredimensionado, dificultades administrativas para la gestión de patentes, abandono de políticas de sostenibilidad y autosuficiencia energética, falta de planes de apoyo y modernización al sector agropecuario, abandono de la flota a su suerte…

Si la Política se rigiera por la lógica los dos partidos tendrían que pasar por un proceso de refundación con la remoción de sus líderes y de sus cuadros dirigentes el día después del 26J. Sin embargo, una parte sorprendente del electorado no acaba por penalizar como sería de esperar -y como de hecho sucede en el entorno europeo- la corrupción superlativa y obscena y el ejercicio de la política para el beneficio de intereses particulares.

Si la Política respondiera a la lógica, los que lideran y defienden a sus ex-ministros y altos cargos en el trance de practicar el ejercicio de las puertas giratorias tendrían que dimitir el día después.

Sólo los votantes tenemos esa prerrogativa: si los resultados cerrasen la puerta a las propuestas de la vieja bicefalia, en el seno de ambas formaciones se produciría una noche de cuchillos largos la misma madrugada del 27. Brillarían las hojas de las facas esgrimidas en Génova y Ferraz y se abriría un nuevo tiempo en el que buscarían su oportunidad desde los eméritos revanchistas que lo saben todo hasta las nuevas generaciones a los que les es tarde ya para desmarcarse. No sería, en todo caso, un período fácil para PP y PSOE, porque estar fuera de posiciones de poder es insufrible para los que llegan a la Política para servirse de ella.

 

A Sánchez no le queda más remedio que apoyar a Podemos… o desaparecer, con Rajoy, de escena. Es demasiado joven y arrogante para esto último.

 

IZQUIERDA UNIDA Y PODEMOS CONTRA die grossen coalizione A LA ESPAÑOLA