Hace cinco años estaba convencido de que lo que estaba sucediendo en las calles, sería estudiado en las facultades de medio mundo. Sería el inicio de algo grande. Hoy, solo un lustro más tarde, estoy orgulloso de poder llevar el 15M grabado como seña identitaria de mi generación.

 

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Praza do Obelisco, A Coruña, 15/05/2016. Sergio Casal©

Hace cuarenta años, la generación de mis padres empezaba a descubrir que, a pesar de todo, podría haber algo de arena bajo los adoquines. Que la memoria, durante cuatro décadas extirpada, volvía a brotar en las calles como anhelo de una realidad que se perdía entre historias de mártires y rosas. Eran años de lucha. De lucha y sueños. Después de tantos años, la esperanza volvía. Tras la Transición, el statu quo fue aceptado por muchos, y, durante años, la historia se reescribió sobre hojas demasiado limpias en el anverso, pero con las marcas de un pasado que no dejaba de doler grabadas a fuego en el reverso. Muchos años de tinta se derramaron sobre nuestra historia reciente, narrando la decadencia de un modelo que cojeaba por demasiados pies: GAL, ETA, Corrupción, Prestige, Guerra de Irak y, finalmente, el crack de 2008. A pesar de los grandes avances sociales, las Plazas, largo tiempo aletargadas, comenzaban a agitarse en sueños inquietos…, hasta ese nuevo mayo.

Para los hijos de la generación que labró el 78, palabras como Memoria, Dignidad, Lucha, Sacrificio, parecían lejanas. Cuentos de hadas. Pero, en el momento que se nos apretó, se nos puso a prueba, demostramos de dónde venimos y hacia dónde queremos ir. Nos formamos, luchamos por nuestro futuro y, junto a nuestros compañeros y compañeras en el viaje de la Memoria, tomamos las Plazas en 2011.

A diferencia de mayo del 68, el epicentro de la indignación fue el corazón de este país que creíamos esclavo de la deshumanización, la falta de conciencia de clase y la empatía. La rabia estalló en nuestras gargantas y le dijimos al mundo que sí, que “Sí se puede”. Y el mundo, respondió.

Hoy, 5 años después de aquella noche de 15 de mayo de 2011 en la que se nos prometió que “saldría el Sol”, me siento orgulloso de llevar en el corazón la cicatriz de un instante que marcará a todos los hermanos, hijos y nietos de la Memoria y la Dignidad. Una marca orgullosa que sugiere la promesa de un futuro con arena bajo los adoquines. Una mañana próxima en la cuál, sin duda alguna, “va a salir el Sol”.

 

"Esta noche, va a salir el Sol"
Movimiento 15M