Etiquetas

Muy considerado profesor Pousa,

 

¿qué ha ocurrido en su imaginario para parir un artículo tan disonante con su trayectoria y perfil?

Presupone usted que ser marxista es incompatible con vivir en condiciones de dignidad dentro de esta sociedad capitalista, como si para poder empatizar con la filosofía del reparto de la fuente dispensadora de recursos hubiera que estar instalado en las carencia. Esa condición, la de pobreza hasta la miseria, es el resultado no sólo de la perversión del marxismo, el estalinismo, sino un denominador compartido con el Sistema “liberal” encarnado por el Capitalismo que arbitra leyes para implantar condiciones de esclavitud, de explotación inhumana de los trabajadores para engordar las cuentas de resultados de las grandes empresas paridas en países poco sospechosos de ser marxistas.

La sociedad de castas, la brecha entre la dignidad y el esclavismo es el resultado de la perversión del Marxismo y de la implementación hasta sus últimas consecuencias del Capitalismo. En el origen: el abuso de poder y la desideologización de las masas. De ahí que sus referencias a Cuba, Sr. Pousa, a Obama y, en último término a Oleiros estén tan mal traídas. A veces el periodista quiere ser efectista con lemas o mantras efectistas pero que no resisten un análisis serio y objetivo. Usted ha caído en ese recurso del sensacionalismo que persigue la recaudación fácil de prosélitos con mucha información falsa y escaso juicio crítico. Y eso no es esperable es un periodista de largo recorrido hasta ahora ajeno al sectarismo.

Porque ha de reconocer que si hay una sociedad que ha desafiado a la previsión de fracaso de cualquier modelo de socialismo puro, quizás el único paradigma en el planeta tras la Segunda Guerra Mundial, es la cubana. A pesar del bloqueo inhumano de los EE.UU. la tenacidad de los dirigentes en la apuesta por la educación universalizada y la cultura ha fortalecido los pilares últimos y decisivos sobre los que se asienta la implantación de un modelo que requiere del ser humano los principios generosidad en el esfuerzo y solidaridad frente a los de competitividad a ultranza, consumo desaforado, resignación jerárquica y, sobre todo, ambición egoísta. Desde ese esfuerzo en formación e igualdad de oportunidades se puede entender que médicos, profesores, ingenieros se entreguen a su vocación, dentro y fuera de la isla, con salarios no muy distantes a los de los trabajadores manuales, cigarreros, personal de servicio…

Oleiros comparte esa visión de la necesidad de fortalecer y reforzar la formación de los niños y también de los adultos a través de su programa de actividades educativas y culturales, con la disposición también de una completa red de bibliotecas, salas de teatro, escuelas de música y danza, centros sociales –algunos de ellos convertidos en verdaderos centros de día-, con la puesta a disposición de unos recursos humanos, de un equipo de formadores cualificados que intensifican los procesos de socialización y la vivencia de valores que trascienden a lo local para convertirnos en ciudadanos del mundo, conocedores y cercanos a las situaciones de otros pueblos, en otras latitudes, pero también a las de los que lo pasan mal en el portal de al lado, para contribuir a mitigar sus carencias apoyando la política de ayuda municipal y el voluntarismo. Si a todo ello el Sr. Pousa le coloca la vitola de marxismo de chalé y de paneles propagandísticos, se me antoja adecuado invitarle a que conozca, para su documentación, y si lo desea participe en las actividades diarias que una masa de voluntarios de chalé realizan duchando a ancianos en sus casas, aseándolos y proporcionándoles compañía y conversación… a los voluntarios llevando comida a familias sin recursos o ayudando con los deberes a niños que conviven con situaciones difíciles.

La perversión de cualquier Sistema no cristaliza como presume en Cuba o en Oleiros, donde todo el mundo ve privilegiado su acceso a la educación desde el primer año de vida, y a la cultura como instrumento para la revolución contra el abuso y la corrupción, y donde la comida está garantizada. No se puede decir lo mismo de su campeón de la democracia, el Sr. Obama, en cuyo país se ha enquistado bajo el umbral de la pobreza una masa de ochenta millones catalogados como foco de desarraigo y de exclusión sin capacidad de permeabilidad hacia otra casta. El presidente de la máquina fabricar guerras fuera de su suelo patrio llegó a La Habana pretendiendo dar lecciones paternalistas a Raúl Castro y con prepotencia exigió más democracia y la liberación de los presos políticos obviando que estos son terroristas confesos con participación probada de atentados, por fortuna algunos frustrados, magnicidas. Por el contrario los presos de Guantánamo fueron raptados literalmente en plazas y mercados, entresacados arbitrariamente de la población civil, para ser acusados de la participación en la trama que derribó las Torres Gemelas¿? orquestada, como ya es mantenido por todos los expertos independientes, en realidad por la CIA. Guantánamo sigue siendo la exhibición de la prepotencia imperialista en la Isla y el pretexto para que los ciudadanos de USA cierren filas en torno a esas políticas que ahondan en la historia interminable de argucias que en La Habana comenzaran en 1898 con el hundimiento de un navío USA por parte de ellos mismos para justificar la guerra que desalojaría a los españoles para facilitar su toma de la isla para conversión en prostíbulo, lugar de recreo y explotación a la vez que base militar hasta que un grupo de barbudos populistas los echaron de allí con la fuerza de las ideas.

Entonces, por qué ese amarillismo contrario a la verdad está llevándose por delante a cabezas privilegiadas y hasta hace poco independientes como la de Pousa en la Voz de Galicia? ¿Tan largos son los tentáculos del poder? ¿Dónde empieza el temor: al acoso de la jerarquía, a la pérdida del empleo, a la marginación profesional?

En Abu Dabi, en Dubai, en Quatar los indonesios, sin recursos para volver a su hogar, se hacinan en hangares para trabajar en la construcción, con medidas de seguridad precarias, a destajo, por doscientos cincuenta dólares al mes. En los Ferrys que surcan los paraísos marítimos de todo el planeta para que los no marxistas se hinchen a margaritas y gintonics los esclavos asiáticos cobran cuatro veces menos que los europeos y americanos incluso realizando jornadas más largas. En Arabia Saudí, el país amigo de los USA, de España y de los Borbones, de la CEE, el trato a los trabajadores extranjeros es ignominioso. Incluso utilizan prisioneros de “guerra” yemenís como esclavos, tal cual hacía Franco con los vencidos en el Escorial, para levantar su mausoleo, o en los Pirineos, construyendo una intrincada red de túneles de ocultación y defensa.

Más cerca, Inglaterra ha legislado para que los polacos se empobrezcan mientras trabajan y así no puedan opositar a una escalada en la pirámide social. En España esta perversión alcanza ya a los trabajadores nacionales desde la implantación de la Reforma de Rajoy, nada sospechoso, como Cameron o Merkel, de profesar el Marxismo.

No se trata de que Oleiros se haya decantado por un Marxismo de chalé del siglo XXI recientemente, como usted afirma, Sr. Pousa. Aquí fueron los comunistas los que desalojaron del poder a los que querían mantener la costa en manos privadas y construir manzanas de nichos de hormigón en lo que hoy es un lugar diferencial. Nos hemos decantado, tiempo ha, por una sociedad que denuncia los abusos y la perversión del Sistema, contra la explotación del ser humano, contra la industria de la guerra que enriquece a los países productores de armas, los mismos que expulsan a los refugiados; nos pronunciamos contra el terrorismo de Estado, si, en los paneles, en las tascas, en la calle y en los lugares de reunión y manifestación porque abominamos la legitimación ad hoc de medidas que atentan contra los Derechos Humanos recogidos en la Declaración Universal y contra los Tratados Internacionales en vigor que se están convirtiendo en papel mojado hasta tanto no sentemos frente a los tribunales a los que han firmado la deportación a cambio de pasta a Turquía.

¿Se suma a nosotros, Sr. Pousa, o va a emplear en adelante su espacio para el ejercicio estilístico de los juegos de palabras y las etiquetas para solapar la inacción que está caracterizando a una clase periodística que se ha alineado con los grandes partidos constitucionalistas en la sustitución artera de la denuncia de la Injusticia por el alineamiento con la ortodoxia del Poder frente al aventurerismo de populistas advenedizos, marxistas de chalé.