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El avance del yihadismo durante el último año y el atentado de Bruselas de este martes me obligan a desautorizar mi artículo del 3 de enero del pasado 2015, en el que planteaba que el terrorismo yihadista era más un tema de Agenda Mediática que de Agenda Pública en España (al menos en ese momento) en este turbulento universo de la Agenda Setting.

Y es cierto que, desde ciertos sectores mediáticos conservadores ha existido y existe una clara vocación a infundir el pánico en la opinión pública. Y no solo el pánico. También la intolerancia y el racismo. A las pruebas me remito (extraído del citado artículo del 5/01/15):

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(…) Resulta que en el día de ayer un hombre de nacionalidad española (origen magrebí, asunto bien remarcado por medios y delegación de Gobierno) que se dirigía en tren hacia la estación de Atocha, amenazó con una mochila a los viajantes, asegurando que llevaba una bomba y que se iba a suicidar, no sin antes llevarse a alguien consigo. Los usuarios del tren decidieron usar el freno de emergencia y el presunto magrebí (ya que ese parece ser el agravante) huyó por las vías, hasta ser detenido por las Fuerzas de Seguridad del Estado, que se encontraban ya en la estación. Pues de todo esto, el diario La Razón decide titular Alerta Yihadista y desenterrar “el fantasma del 11-M” (sic), haciendo gala de la incoherencia de su nombre al convertir el rumor en noticia, el recuerdo de una tragedia en carnaza informativa. El espectáculo en información. Aun cuando la misma delegada del Gobierno, Cristina Cifuentes, aseguró que se trataba de una falsa alarma, La Razón ya había encontrado conexiones entre el sujeto en cuestión y la cúpula del Estado Islámico. Periodismo de investigación; del bueno.

Algo pasa en los diarios tradicionalmente conservadores (no sólo en La Razón) cuando, a pesar de todo, tratan de introducir en la Agenda temas como el terrorismo islámico, que según los datos de septiembre octubre y noviembre delCIS, es contemplado por la población como el trigésimo segundo problema que afecta al conjunto del Estado. Y, aun sabiendo esto, el ABC decidió en el mes de septiembre que éste fuese el cuarto tema con más apariciones en sus portadas, superando claramente a temas principales en la Agenda Pública como el Paro (77 %), o la Corrupción y el fraude (63,8 %) (primero y segundo en el barómetro del CIS de noviembre, respectivamente); y siendo sólo superado por titulares relacionados con Cataluña, el Gobierno y los partidos concretos y los problemas de índole económica. Los medios, esos creadores y protectores de la opinión pública.

Estas conclusiones se enmarcan en un contexto en el cuál el yihadismo suponía un problema de Estado únicamente para el 0,4 % de los españoles y españolas. ¿Qué ha cambiado desde entonces? Mucho.

Atentados yihadistas en 2015: el problema arraiga en Europa

Aunque no en España, durante el año 2015 se registró un número muy elevado de atentados yihadistas reivindicados por los diferentes brazos de este movimiento (llámese daesh, Al Nusra, Boko Haram, Al Shabaab, y un largo etcétera. Pero, ¡ay!, ¿qué ha provocado que la ciudadanía española haya vuelto a situar el yihadismo como un problema de Estado?

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Fuente: Elaboración propia a partir de datos del CIS

Que el corazón de Europa fue atacado en 2015. Pocos días después de ese artículo citado, se producía el asalto a la revista satírica Charlie Hebdo, un golpe directo en el estómago de la OTAN que, desde hacía muchos años, sólo trabajaba “en el terreno”. Muchas cosas cambiaron con ese ataque y, en Europa, empezamos a entender que no estábamos ante un problema al otro lado del globo. Nadie había secuestrado un avión en la otra punta del mundo, ni se había adentrado con un ejército en territorio enemigo, no: Los principios yihadistas habían ido arraigando en muchísimos ciudadanos europeos de segunda y tercera generación que vieron en la propaganda del daesh la respuesta al abandono y el desprecio de las instituciones europeas ante sus demandas. Europa les dio ciudadanía a hijos y nietos de árabes pero, de facto, muchos miles de estas personas fueron marginadas en términos sociales. El ejemplo paradigmático está en París, donde los banlieues se han ido radicalizando desde los graves disturbios de 2005, que pusieron sobre la mesa la terrible situación de las periferias en el país galo. A día de hoy la situación no ha mejorado mucho: según el Observatorio Nacional de Zonas Urbanas Sensibles, el 47,7% de los jóvenes de 14 a 24 años de estos barrios marginados carece de trabajo. Y a través de estos frames de crisis y desesperación, ataca implacable la propaganda yihadista, que no escatima en recursos audiovisuales y hasta ha conseguido monopolizar el género musical del nasheed para su causa:

Un ejercicio de empatía

Tras los atentados de la mañana del martes 22 de marzo en el verdadero centro neurálgico de la Unión Europea, Bruselas, es evidente que la preocupación que se registrará en marzo y abril en España con respecto al yihadismo volverá a subir. Es evidente que nos encontramos con un problema, pero no de Estado, sino superior. Un verdadero problema que implica a muchos campos sociales. Porque no se han sabido curar las desigualdades en nuestro propio territorio. Porque se han fomentado el odio racial, de clase, y entre culturas. Estamos viviendo un retorno de las tesis de ultraderecha en muchos países de Europa, aún habiendo sufrido las consecuencias del nazismo y el fascismo. Y no hemos aprendido.

A ver si la terrible tragedia de Bruselas nos hace aprender. Aprender que las personas refugiadas vienen huyendo de barbaries como la de esta mañana, la de Bataclan y Charlie Hebdo. Vienen huyendo de la guerra en su tierra. Todos hemos visto el pánico de las personas escapando con sus maletas esta mañana de la terminal del aeropuerto belga Bruselas-National . ¡Y  no es para menos!: ¿No huirías tú del fuego y las bombas? Yo también. Como lo hacen los cientos de miles de personas refugiadas a las que, a través de un Pacto vacío de escrúpulos, la Unión Europea condena a permanecer tras un muro infame. 

 Muchos políticos se han vanagloriado durante el proceso de creación de la Unión Europea de la victoria que supuso para el proceso la Caída del Muro de Berlín. Qué rápido se olvida la historia. Hoy necesitamos más que nunca gritar. Exigir que no caiga en el olvido el anhelo de las personas que hoy, como hicimos nosotros hace no tanto tiempo, abandonan sus países por la guerra. Es sencillo: Mr. Tusk, open this gate. Mr. Juncker, tear down this wall!