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No encuentro fuerzas para documentar un artículo sobre la barbarie (des)humanitaria que vive la Unión Europea. Y no lo haré.

Solidariedade

 

No, porque estoy cansado. Cansado de números, porcentajes y cifras sobre el llanto. Harto de excusas, retórica y palabras cargadas de veneno. Cada vez que veo a un representante público dar explicaciones o justificar la ignominia del preacuerdo entre la UE y la Turquía de Erdogan, siento náuseas. Por ser parte de un sistema que soborna a un Estado sin escrúpulos con 6.000 millones de euros manchados de sangre. Y, ¿a cambio de qué? Pues de violar los derechos humanos por nosotros: “Ensúciate tú las manos, Turquía, no nos importa cuán manchada acabes. Nosotros somos Europa, la limpia, la solidaria. Aquella inmaculada muchacha del poema de Ovidio”. Vivimos en un estado de completa distopía. Una suerte de enajenación orwelliana que nos hace amar al opresor y pelear entre nosotros, para gozo y disfrute de la aristocracia. Somos patéticos.

Es triste. Es muy triste ver cómo crece la misantropía en uno mismo. Cómo la sociedad ha olvidado el calor de la sonrisa. El significado de las lágrimas, sean de alegría o tristeza. No existen las emociones. Se las coarta. Vivimos la tiranía de lo inhumano. Aplacado si cabe con un par te tuits que nos hagan sentir “concienciados” con una realidad que se nos escapa. ¿Dónde está el NO A LA GUERRA?, ¿EL NUNCA MÁIS?, ¿EL 15M? ¿La institucionalización del descontento y la universalización de las redes sociales nos han desmovilizado? ¿De verdad expresar nuestro “descontento digital” nos permite dormir con tranquilidad por las noches? Qué pena. Somos patéticos.

Y de poco -de nada- sirven estas palabras a las miles de personas que hoy pasan otra noche de incertidumbre, olvidadas por una Unión que fue presentada como un pacto de Solidaridad entre pueblos. Personas que llegan escapando de guerras provocadas por intereses creados desde la misma Unión Europea y por sus miembros y sus aliados imperialistas. Les robamos la materia prima, los colonizamos, generamos conflictos civiles, los bombardeamos y, cuando tratan de huir de todo eso, levantamos muros. Nosotros, que en el siglo pasado vivimos en la propia piel la penuria del exilio fruto de la guerra y el fascismo. Hemos olvidado la historia. Y la Historia nos juzgará por ello. Y yo no encuentro fuerzas para creer en nosotros. Y no lo haré.

No, porque hoy he cruzado la ciudad sintiendo asco del suelo que pisaba. Auténtica repulsión por un territorio que miles de familias anhelan siquiera contemplar. Hoy me avergüenzo de vivir en Europa. Pero mañana me oirán gritar: “¡No en mi nombre!”.
Por todas aquellas personas que, como yo, merecen vivir en Paz.



NON AO PACTO UE-TURQUÍA. PASAXE SEGURA PARA AS PERSOAS REFUXIADAS
Mércores 16 de marzo 

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Praza do Obelisco, A Coruña