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La noticia del día no ha sido la constitución del Congreso de la XI Legislatura, o la elección de Patxi López como nuevo presidente de la Cámara. Ni siquiera lo ha sido la presencia de las nuevas caras. No, como siempre, hemos puesto el foco en la anécdota, y no de la forma en que debiéramos. Carolina Bescansa llevó a su bebé a la investidura. Sí, había un bebé en el Congreso.

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Ante tantas dudas, realmente me cuestiono la capacidad de ver más allá del hecho en sí por parte de la opinión pública. Claro que Carolina Bescansa tenía dónde dejar al niño. El propio Congreso tiene guardería. Pero, en este caso, el objetivo no era dónde dejar al bebé durante la investidura. El quid estaba en enviar un mensaje que, por titulares como el del periódico La Razón, parece que no ha sido correctamente interpretado. La clave aquí está en que Bescansa, por su condición de diputada y personalidad pública, tenía la oportunidad de, con este gesto, evidenciar una realidad que no todo el mundo ve (y mucho menos en un lugar como el Congreso), y es la enorme dificultad de conciliación familiar teniendo en cuenta condiciones del mercado laboral español en este momento. Es decir que, lo que importa, no es el hecho en sí de que ella, hoy, pudiese o no dejar a su hijo en otro lado, sino el propio gesto y lo que representa: trabajar y tener hijos en España es una quimera. En cuanto a la interpretación del mensaje, como en todo proceso de comunicación, tiene que existir armonía entre el canal, el receptor y el emisor y, en este caso en concreto, se ha puesto en cuestión tanto el medio, como el canal y al emisor. ¿Y si el problema fuese del receptor? Para muestra: 

  1. Hay quien ha dicho “claro, lo defendéis porque ha sido Bescansa, si lo llega a hacer Cospedal o Sáenz de Santamaría…”: una muy legítima (como todas) interpretación del mensaje, lo cual no quiere decir que sea poco falaz. Uno de los requisitos fundamentales para la interpretación del mensaje, es la coherencia del mismo. ¿Cómo nos íbamos a tomar de forma correcta que Cospedal, o Santamaría llevasen un bebé al Congreso?: El mensaje que se quiere transmitir es el de facilitar la conciliación. ¿Cómo va a ser el emisor de ese mensaje alguien que ha trabajado por una reforma laboral que lo que hace es precisamente enterrar cualquier posibilidad de conciliación? No existe coherencia, ergo no hay sentido en el mensaje.
  2. En el máximo exponente de la argumentación tergiversada y falaz, está el hacer una analogía con otros puestos de trabajo: “¿Y si fuese tu cirujano, el que te está abriendo, el que lleva un bebé a la operación, te gustaría?”. No me lo invento:

    El argumento se deshace por todos lados. ¿Es que una sesión de investidura es comparable a una operación a corazón abierto en este contexto que se plantea? ¿Estamos en serio?

Por cierto, ya que tan europeos queremos ser, en otros Parlamentos no se ofuscan tanto con este tipo de hechos. El foco lo podríamos haber puesto, por poner un ejemplo, en el PSOE y su juego de trileros con el nacionalismo de derechas y la gran coalición. Creo que al partido de Pedro Sánchez le debería preocupar votar en contra (no abstenerse) en la investidura de Rajoy. Si no actúa de esa manera y facilita la investidura del actual presidente en funciones, quedaría retratado… Esperemos que quede algo de coherencia en este partido.