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“Twitter es un vertedero, la tumba de la inteligencia”. De esta forma concluía uno de los párrafos de la Tribuna que en la mañana del pasado viernes firmaba la portavoz de “Libres e Iguales” y marquesa de Casa Fuerte, Cayetana Álvarez de Toledo y Peralta-Ramos.

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“Todos los niños nacen artistas, el problema es cómo seguir siendo artistas cuando crecen”. Pablo Picasso. Foto sin derechos de Pixabay

El artículo, formalmente recatado y resultón, viene a decirnos que las redes sociales y el periodismo actual, acostumbrado a un ritmo frenético, no ha sido capaz de leer entre líneas la sutil ironía que deslizó en el polémico tuit que desató el trending topic #NoTeLoPerdonareJamas. Ese problema clásico de los 140 caracteres. Y, ¿a quién alude Cayetana cuando habla de Twitter como un “vertedero”?

Mi hija de 6 años: “Mamá, el traje de Gaspar no es de verdad.” No te lo perdonaré jamás, Manuela Carmena. Jamás. #cabalgatatve

— Cayetana Alvarez Tol (@cayetanaAT) enero 5, 2016

(…) No me refiero únicamente a los comandos organizados que alimentan los circuitos del odio durante horas sin descanso. Toda operación revolucionaria necesita soldados rasos suficientemente ignorantes y entregados como para perder la vida, que hoy es el tiempo, en estériles maniobras de acoso y derribo. Y nuestros chavistas ibéricos cuentan con un ejército. (…) El que lee «chica del PP» y entiende: corrupta, facha y pija. Odia a los pobres (quería estar en la tribuna VIP), detesta a los gais (de ahí sus críticas a la túnica rosa de Gaspar), aborrece a los negros (a los que nosotros, paradójicamente, ponemos a tocar una kora africana en plena Era Obama) y desprecia a las mujeres (porque el auto odio no es patrimonio exclusivo del constitucionalista catalán)”

Según nos confiesa Cayetana Álvarez de Toledo, Twitter está arrasando con el periodismo incisivo y culto. Confuso, cuanto menos, si nos lo dice apostada desde la Tribuna de uno de los medios de comunicación más irreverentes y fanáticos de las “ciencias ocultas” del periodismo español de las últimas décadas. Con delirios que van desde las conspiranoias del 11M y ETA hasta editoriales sobre el soviet de Cubazuela del Norte como este impagable: “Venezuela pagó 3,5 millones a la cúpula de Podemos en ocho años”, que ya comienza prometiendo emociones fuertes: “Los aprietos de Podemos con sus cuentas no se limitan a la Agencia Tributaria”. Poco menos que un Bárcenasgate II.

Entiendo, no obstante, la frustración de la señora de Toledo y Peralta-Ramos para con la opinión pública y publicada y su demostrada ignorancia. Tiene razón. Ella, que por su condición de marquesa de una casa nobiliaria española del siglo XIII, ha encontrado sin duda muchísimas trabas para acceder a una educación privada de calidad y a unos estudios superiores que se podría pagar cualquier hijo de Juan Pueblo. A lo mejor por mi ignorancia y mi falta de formación en el Northlands School u Oxford no consigo ver la ironía ni en su tuit ni en su Tribuna. O a lo mejor es por conservar la mente abierta de un niño. Porque quienes tienen limitaciones, taras y mente nublada, son los adultos. Quienes ven una condición sexual en un color, una posición social en una prenda de ropa, son los que limitan su raciocinio según van cumpliendo años. Los niños están por encima de esas limitaciones. Y se pregunta Cayetana: “Claro, como soy noble y del PP pues ya soy facha, ¿no?”. No, Cayetana, es que tú no eres facha. Tu padre, que combatió a la resistencia francesa durante la ocupación nazi, fue facha. Pero tú no. Tú eres una diputada del PP, responsable del área internacional de FAES, descendiente de una estirpe nobiliaria española y firme defensora de los trajes de las cabalgatas de reyes (que no reinas) magos como Dios manda. Y que cada uno juzgue qué significa eso.

Me da vergüenza pensar que, cuando mis nietos crezcan, les tendré que explicar que en mi época todavía se discutía sobre la vestimenta de la gente, sobre su color de piel o sobre sus gustos. Que crecí en aquella etapa en la que creímos vivir en un Estado de bienestar mientras el 1% atesoraba lo del 99%. En una época, en la que la sangre todavía tenía colores y la nobleza y las monarquías aún tenían algo que decir en asuntos de Estado. Pero, sobre todo, me da mucha vergüenza pensar en decirles que una puñetera cabalgata era capaz de eclipsar todos los escándalos que se vivían allá por 2015 en este país. ¡Qué vergüenza!