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“Lo que está en juego es el futuro” (De los miembros del PP también)

 

Anda la militancia de la gaviota a repetir el mantra, hasta en el más pequeño de los espacios, de que sólo una mayoría obtenida por su Partido es garantía de estabilidad. Sus mamporreros mediáticos, pululando por páginas de prensa y platós, hacen lo propio: ¡Qué viene el lobo! ¡Qué vienen los extremistas bolivarianos! Como si lo más extremo no fuera condenar a la exclusión social a millones de conciudadanos, con una frialdad infame, por el pecado de haber sido atrapados por una burbuja que les pilló trabajando mientras otros se lo estaban llevando crudo.

¡Una mayoría del PP para la estabilidad!

Cierto es. Estabilidad en el engorde de la brecha entre ricos y pobres, en las líneas de apoyo a la banca que desahucia también con ritmo sostenido y que ahora, magnánima, acepta la dación en pago: esa fórmula ignominiosa para la esencia de un Estado garantista que permite que un padre con su prole se quede en la puta calle, aunque haya pagado una parte importante de su hipoteca, para que se le exonere de atender el resto del compromiso.

¡Estabilidad!… en la contratación por horas de profesionales médicos para atender flujos de trabajo en los hospitales. Estabilidad, para vender empresas públicas, autopistas, etc. a manos privadas amigas (p.e. Sacyr) por cuatro perras para que éstas hagan cajas revendiéndolas con grandes plusvalías a capitales foráneos que vienen abusando en la fijación de las tarifas a los ciudadanos indefensos.

¡Estabilidad! en el nivel de aforamiento, en los privilegios fiscales, en la transparencia sobre lo intrascendente para ocultar la opacidad sobre lo que importa. Estabilidad para frenar las comisiones de investigación, para reformar por decreto la Constitución y atender a los intereses de las concentraciones de capital antes que los derechos fundamentales de los ciudadanos a la vez que se obstruye la necesaria reforma de una constitución que ya no puede atender adecuadamente la realidad territorial.

¡Quieren estabilidad para seguir incumpliendo el programa electoral! Para atribuir todos los males a la herencia recibida, para reinterpretar los datos y para pervertir el lenguaje, para llamarle a la emigración forzosa de nuestros hijos “movilidad exterior”, para mantener el status de la jerarquía católica –que no de Cáritas-, para aplicar sus reformas que agrandan la brecha entre ricos y pobres y consolidan la precariedad laboral, para asiatizar el país en un continente que sólo puede competir por la vía de la excelencia.

¡Estabilidad otros cuatro años!: en el ritmo con que afloran, día tras día, casos de corrupción en sus filas infectas, en todas las Administraciones, en todas las posiciones de poder. Estabilidad en el tráfico de influencias, en el cohecho, en la malversación, en el saqueo, en las adjudicaciones irregulares.

Estabilidad para no admitir responsabilidad en la elección de los colaboradores corruptos con resultado de vaciado de recursos destinados a la educación, a la sanidad, a la formación.

Estabilidad otros cuatro años para asistir a la retirada progresiva de las ayudas a la dependencia, de las dotaciones para la investigación en enfermedades raras, para persistir en la aplicación de la vacuna contra la hepatitis “C” cuando ya se ha entrado en la fase cirrótica.

Quieren incrementar de manera estable la pérdida de horas de trabajo brutas, la caída del porcentaje de la población activa, la desprotección a los parados de larga duración, pero también la clericalización en los centros de enseñanza en detrimento de la educación en valores para la convivencia ciudadana; desean estabilizar la pérdida de derechos, la persecución de la expresión popular en la calle, el trato fiscal de favor a quienes más pueden pagar y la presión sobre las rentas de la clase trabajadora hasta su empobrecimiento literal.

Es esa estabilidad la que ha reinado en varios cientos de Ayuntamientos españoles con buena parte de sus concejales –en Santiago todos menos uno- imputados por conceder contratas de forma fraudulenta. Y ahora llegan “los revolucionarios,” los indignados por todo esto y quieren romper ese estado con sus propuestas frívolas y aventureras. En Compostela, con Martiño Noriega y su “Compostela Aberta”, pero también en Valencia, a través de pactos que pongan en jaque a la dama del caloret y los gin tonics en suites de lujo, o a la Sra. Aguirre, campeona de la honradez y honestidad por su rapidez en despedir a todos los corruptos que eligió para personal de confianza.

Llegan, pues, los que hacen política de cafetería, los empeñados en debatir cuando España lo que necesita es esa placidez, calma y estabilidad que permite al partido mayoritario vivir en una torre de Cristal donde cualquier lujo inimaginable, sibilino, es el chocolate del loro, aunque el país se resquebraje por los cuatro costados.