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O de la presencia, campando por sus anchas, de reputados ABSENTISTAS en las Cámaras Alta y Baja, pluriempleados.

 

Dice Posadas que con relación a la observancia de la Ley de incompatibilidades en el ejercicio profesional por parte los diputados no cabe otra actitud de parte de Presidencia que la confianza absoluta, porque ellos saben cual es sudeber y lo que tienen que hacer. Por otra parte tampoco estarían definidas, en caso de incumplimiento, las sanciones disciplinarias. Y esa misma laxitud obra para las declaraciones de bienes patrimoniales de sus señorías.

Detrás del pulso que hace latir al unísono el corazón de los ciudadanos creando y creyendo en un proyecto colectivo está el valor de la ejemplaridad. Por apuntar un símil, el niño que ver abusar del vino en casa acumula papeletas para ser alcohólico en el futuro. Lo mismo sucede con el ejemplo de las tarjetas black, o con la rémora para las arcas públicas de una clase política en su mayor parte inédita a lo largo de toda la legislatura y que, por si ello no bastara, limita sus declaraciones al guión que les entrega la dirección para ser reproducidas en sus autonomías y reservan buena parte de sus energías a otros negocios privados. Todos estos “ejemplos de vida”, que cuentan con el respaldo del incumplimiento del deber de vigilar del Sr. Posadas, son palos en las ruedas de una democracia en permanente situación de obras, en construcción y amenazando derribo. Para cimentar ese espíritu necesario de que vale la pena contribuir porque el resultado es una mejor cobertura de servicios públicos, de calidad de vida, de grado de bienestar, de acceso a trabajo y formación, para que la población recupere el orgullo de poder contribuir a la causa de todos y se instale ese modo de mirar, pensar y actuar poniéndose en la piel de los demás –interacción- que tanto identifica a modelos de progreso consolidados apremia el que el Sr. Posadas (como también la cúpula del PP y los órganos reguladores –Banco de España, CNMV) después de todo lo que ha estado ocurriendo, deje de insultar nuestra inteligencia vendiéndonos la idea de que la catadura ética y moral de sus señorías es incólume y no necesita de controles. Los hechos le han contradicho en innumerables ocasiones; siguen saliendo a la luz casos de cohecho y de tráfico de influencias, y sólo desde la superchería de una Ley de transparencia interesada que precisamente obstaculiza lo importante para favorecer la impunidad de los aforados pueden entenderse unas declaraciones fuera de todos los cánones de lo que debe ser una gestión directiva competitiva y competente. Y si hay una Empresa que por su tamaño e importancia la precisa es el Estado. Cualquier Pyme dedicada a la venta de pequeños insumos, toda empresa de producción, los mismos trabajadores autónomos establecen mecanismos de control sobre productividad, empleo de dietas, costes de mecanismos de apoyo a la gestión, optimización de recursos, etc.

La única opción que nos queda, pues, con los “Posadas” de las Instituciones es removerlos de sus puestos por ineficacia, ineptitud, absentismo y comportamiento sectario. O seguir dándoles apoyo. Pero luego aténganse a las consecuencias y dejen de llorar a destiempo, una vez más.

 

 

 

Transcribo de La Vanguardia:

[…Tras garantizar que “todo esto se irá viendo en esa comisión”, Posada ha apuntado, no obstante, que “no hay desarrolladas fórmulas de investigación, porque la confianza es lo que prevalece”. “La confianza es la idea esencial y nosotros confiamos en que un diputado actúa en consecuencia con lo que propone y le autoriza el Congreso; lo que no quiere decir que el que incumpla esa relación de confianza no pueda tener la sanción adecuada, que lo veremos”, ha insistido.

También ha reiterado que, en virtud de la normativa, la situación de los diputados es de “incompatibilidad con todo y dedicados a su trabajo”, aunque “luego existen compatibilidades que se dan por la comisión de estatuto y a consecuencia de ello pueden ocurrir conductas que la comisión de estatuto vigila si se adecúan”.