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La candidata del Partido Popular a la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, ha confesado en el programa Más Vale Tarde su debilidad por un género musical en alza, el rap.

Si fuese la Mala Rodríguez, me preocuparía. Cristina Cifuentes ha vuelto a mostrar su lado más “rebelde” en el programa vespertino de La Sexta. Concretamente, durante el momento en el cuál la presentadora le ha puesto el vídeo de campaña de su compañero extremeño José Antonio Monago –un rap de Discípulo de la Rima–. Lejos de eludir su postura ante esta campaña, ha sacado su vena más rapera: “A mi me encanta el rap, me sube la moral. Me encantan raperos como La Mala Rodríguez”. Curiosa afirmación, y más cuando procede de una persona que, en el ejercicio de las funciones de su cargo, ha suspendido unos cuantos conciertos a grupos de rap en la capital. Lo que parece que Cristina no ha entendido, es que el rap no es sólo música, es un movimiento, una forma de expresión que nació como respuesta a una realidad social extremadamente desigual y que, por desgracia, con el paso de los años, ha degenerado en “mutaciones musicales” de la talla de Discípulo de la rima:

Qué mejor idea para atraer el voto juvenil en Extremadura que presentar un rap en el cuál una MC que ha declarado en un buen número de ocasiones su apoyo incondicional a la libertad sexual hace una arenga “al margen de colores e ideologías” para pedir el voto a un partido que ha recurrido en el Constitucional la ley de matrimonio homosexual, que ha impulsado una reforma (que por fortuna no avanzó y costó su Ministerio a Gallardón) contra la ley del aborto y cuyos altos cargos se dejan ver en manifestaciones de los grupos denominados “pro vida”. Algo no cuadra. Bueno sí. Entiendo que al PP, en concreto a Cifuentes, le gusten estos raperos que, lejos de tener algún mensaje concreto, caen en profundas contradicciones con cada letra nueva que  crean. Es de suponer que, con los antecedentes “radicales” –véanse tatuajes, motos y rock– de la Cifu, se termine confesando groupie de MC’s como Porta (a recordar: “(…) las tías de hoy en día son todas unas guarras“).

¿Pero qué sucede cuando el contenido de las letras tiene un mensaje político que a Cristina ya no le gusta tanto? Que se suspende.  Que se lo digan a Pablo Hásel, a H. Kanino, a Los Chikos del Maíz… Ah..¿que también le gusta el rock? Que se lo digan a Soziedad  Alkohólika. Es más, me apostaría un brazo a que cuando dice “y otros grupos que no voy a mencionar” está hablando de Los Aldeanos. Se aceptan apuestas.

Por supuesto, la señora Cristina Cifuentes es libre de tener sus propios gustos musicales. Claro que es legítimo que le gusten unos grupos  y otros no. Pero lo que no es comprensible, es que se declare fan del rap, cuando es una de las políticas en activo que más acciones políticas ha liderado en contra de este género.