¡Perplejidad! Andalucía, una vasta comunidad con casi tantos habitante como Grecia o Portugal, tiene como líderes políticos de los partidos con más respaldo popular durante tres décadas a energúmenos que utilizan la oportunidad de debatir sus programas en público para el insulto y la práctica durante la hora y media que duró el encuentro del “y tu más”. Urgidos por la moderadora para que explicaran sus propuestas se limitaron a recitar desideratas pero sin poner sobre la mesa ninguna medida concreta para crear empleo y aprovechar las oportunidades potenciales que la región, por lo demás rica en recursos, ofrece.

Es un panorama desolador. Allí no se habló de inversión en I+D+I, de energías renovables, de construcción naval civil, de acuicultura, de optimización de los recursos pesqueros, de formación profesional, de cambios radicales en las políticas de subvenciones, de puesta a disposición de bancos de tierras, de incentivación del cooperativismo, de equiparación legal y real de la mujer en todos los ámbitos, de freno al abuso de posición de las energéticas… Allí no se habló de nada –mención aparte al representante de IU, que aportó alguna idea generalista-. Allí se recurrió a la frase hecha, al chascarrillo y al cruce de acusaciones intentando demostrar que los otros son los corruptos pero dejando claro, de paso, que ambos partidos están enfangados. Allí se dejaron caer, por la traición del subconsciente, ideas perversas sobre nacionalismos excluyentes y poco o nulo talante constructivo.

El país necesita una regeneración que va más allá de la eliminación de los corruptos de las listas. La sociedad necesita la recuperación de la figura de políticos con capacidad de gestión y, me atrevo a decir, altura intelectual y cultura de estadistas abiertos a la contaminación de experiencias de gobierno llevadas a cabo en otros lugares con resultado de éxito e importables.

Hay que desterrar de la Política no sólo a los corruptos. También a los mediocres y a los que tienen su horizonte en ganarle la partida a la oposición por el camino de la dialéctica ocurrente pero vacía de verdadero contenido social. En una empresa privada sólo podrían ser Consejeros, en pago a sus “favores”. Es el destino de todos los mediocres que nos gobiernan y que dedican buena parte de su energía a dibujar un escenario próspero para las grandes empresas. Si en el futuro se les diera parte en la gestión de esas compañías, como se hizo con Rato para apartarlo de la lucha por el Poder, las hundirían en un tiempo record. Y eso si que es imperdonable y siempre tienen que repararlo los impuestos de la clase trabajadora. Mientras tanto, van hundiendo al país, que para ese menester sí que están preparados.

 

 

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