Reconozcámoslo. Todos nos hemos ido alguna vez a dormir con estos caramelitos de colores explotando en nuestra cabeza en algún momento de estos últimos dos años. Candy Crush es, sin duda alguna, la droga más barata de nuestro tiempo. 

 

La vicepresidenta del Congreso, Celia Villalobos, fue “pillada” en pleno debate sobre el estado de la nación aplacando su azucarado mono

Es oficial. El Candy Crush Saga genera adicción (bravo).  Los sagaces programadores de King han sabido explotar las tradicionales debilidades de la psique humana para crear el responsable de que niños y ancianos sean capaces de pasar horas sin levantar la cabeza (y los dedos) del smartphone de turno. Y no es algo fortuito. Obviamente, detrás de todo el entramado, está la psicología. Éstas son las claves del popular juego.

  1. Los primeros niveles son muy fáciles. Completarlos supone un juego de “mini recompensas” para el cerebro, que libera dopamina –la hormona del placer y la adicción–.
  2. Aunque parezca que la habilidad del jugador es la clave, lo cierto es que la clave está en la suerte. El triunfo varía en función de la gama de colores que ha sido proporcionada al azar, lo que implica que los logran vendrán de forma inesperada. Se pierde más a menudo de lo que se gana y nunca se conoce cuándo aparecerá el próximo triunfo
  3. Tragaperras 2.o: refuerzo de razón variable. La clave que hace de las tragaperras un juego adictivo y que ha sido reutilizado en este dulce pasatiempo.
  4. Ilusión de control: los boosters, ayudas en los movimientos o petición de vidas a amigos son características que hacen al jugador pensar que tiene control sobre el devenir del juego –recordemos que el azar es el elemento fundamental–, algo que multiplica exponencialmente la capacidad de adicción.
  5. El límite de vidas es otra gran clave: evita la sensación de cansancio y que el jugador se sienta saciado, ya que tiene que esperar 30 minutos para que se le regenere una vida.
  6. Lo más simple, todos amamos las gominolas. No hay que juntar cartas, números u otras formas, no. Las golosinas se asocian a la sensación de felicidad que proporciona comer.

La última víctima capturada en público estallando caramelitos ha sido la vicepresidenta del Congreso de los Diputados, Celia Villalobos. Ni más ni menos que en pleno debate sobre el estado de la nación y en la mismísima intervención de su camarada Mariano Rajoy, la política popular se puso a crear combinaciones azucaradas en su tablet. Se conoce que la noticia del día fue que Mariano interrumpió la partida de su compañera de partido hablando de no se qué movidas sobre la recuperación; qué pesao… ¡Pobre Celia!, seguro que tuvo que esperar media hora para poder seguir con su partida.

Así estamos. Y mientras unos juegan a caramelos, otras beben como peces en el Júcar y otros simplemente insultan la inteligencia del populacho con declaraciones incendiarias del tipo “Las familias ahorran porque no van a putas”el período preelectoral sigue su curso y estas payasadas no parecen minar el ánimo de los líderes. Vaya añito nos espera…