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Como hemos podido leer hace poco en casi todos los medios, el CIS ha revelado una realidad preocupante: El auge del machismo entre las nuevas generaciones.

Que la mano que te coja, no sea la que te hunda

El 33% de los jóvenes españoles de entre 15 y 29 años (uno de cada tres) considera «inevitable» o «aceptable» la denominada violencia de control. Ven bien, por ejemplo, actitudes como impedir a la pareja que vea a su familia o amistades, no permitirle que trabaje o estudie, o vigilar sus horarios. Decirle, en definitiva, lo que puede o no puede hacer. El dato lo revela una encuesta sobre como perciben los jóvenes la violencia machista realizada por el CIS. Terrible, sin duda. Ahora hay que tratar de conocer cómo hemos llegado hasta aquí y qué se puede hacer para revertir esta realidad:

  1. En primer lugar y desde un punto de vista estadístico podríamos confiar en cualquier tipo de error en la selección de la muestra, algo que puede ser común en este tipo de  encuestas por el tamaño de la misma y la mala selección de las cuotas a estudiar. Sería una posibilidad,  pero una vez descartados errores en la muestra tenemos que pasar a los factores que favorecen esta realidad.
  2. Punto de vista social: los abuelos de estos jóvenes vivían en una sociedad en la que los valores del machismo estaban arraigados y se veían como normales en el comportamiento tanto familiar como social. La generación de sus padres, ya en democracia, mejora en este aspecto debido al auge de nuevas demandas sociales que tienen que ver con la integración de la mujer en el mundo laboral y en todos los campos de lo social. Atendiendo a esta conclusión, se extrae que, con la evolución de la democracia, las generaciones posteriores tendrían que ir, cada vez en mayor medida, adoptando patrones de comportamiento igualitarios y alejados de las posturas machistas, vinculadas a las sociedades tradicionales del pasado. Pero, tal y como nos dicen los datos, esto no se cumple. ¿Qué más influye, de forma determinante entonces?
  3. Ha habido un importante cambio en las rutinas culturales entre generaciones. Esto es, que el consumo de determinados “productos” mediáticos que antes estaban orientados a un publico objetivo más concreto, se han convertido en auténticos fenómenos de masas entre los adolescentes.

     Tampoco nos vamos a engañar. Tuvimos Crónicas Marcianas, Gran Hermano tiene más de 10 años y El Tomate hace tiempo que pasó a la historia. Pero ahora tenemos “productos” potencialmente  “peligrosos” para las débiles personalidades de egos aún en formación. La chavalada ahora tiene sus modelos de conducta en personajes que se sientan en un Trono para elegir a una mujer(?)–jamelga en función del tamaño de sus mamas, a modo de  feria de  ganado. O en películas basadas en (aún no se bien como clasificarlo) libros en los que un hombre somete a una mujer a todo tipo de vejaciones –pero con amor eh–, un fenómeno teenager de nuestro tiempo comparable a la madre–vampiro o a la Super Pop en su momento. Literatura que, queriéndose hacer pasar  por una muestra de la normalización de todo tipo de formas de expresión sexual, se ha convertido en un retrato de la dominación de la mujer. Y ya no preocupa tanto cómo administren las turbulentas mentes de los chicos jóvenes esta cantidad indecente de clichés machistas, sino más bien ver cómo las masas de niñas de 16-17 años suspiran en sus redes sociales eso de: “yo también quiero un Grey…”. Esta la cosa mal, pero mal mal eh. Quede por delante que todo el mundo es libre de excitarse en su casa con lo que le de la gana. Eres libre de que te guste que te aten, que te azoten, ser dominador o dominadora; perfecto, pero de ahí a transmitir patrones de comportamiento machistas como historias románticas para adolescentes… pues como  que no. 

      Y la guinda la pone aquella institución que tendría que servir como herramienta para reparar la brecha de la desigualdad: la Educación. Pero lejos de esto, se eliminan asignaturas como Educación para la Ciudadanía y se introduce la Religión (católica, por supuesto) y, más recientemente, se publica en el Boletín Oficial del Estado (Laico, con libertad religiosa, bla bla bla) que hay que introducir la palabra de Dios en las principales teorías que explican los fenómenos que nos rodean. Sí, en la escuela pública. 

Dirán que es libertad. De acuerdo, pues disfruten de la libertad mientras creamos una nueva generación de futuros maltratadores. La igualdad empieza en la educación de la ciudadanía.

 "El opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos" Simone de Beauvoir