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Reflexiones de Fidel; 8 de julio de 2007

Nixon y Bahía de Cochinos 

El finado ex presidente de Estados Unidos Richard M. Nixon es uno de los iniciadores de la guerra contra la Revolución cubana

GABRIEL MOLINA

Desde abril de 1959, cuando como vicepresidente recibió a Fidel Castro, el apoyo brindado por Nixon al derrocado dictador Fulgencio Batista —a quien visitó en 1955, dos años después del asalto al Cuartel Moncada—, y sus alianzas con intereses oligárquicos, lo llevaron a demandar tan tempranamente la remoción del joven líder guerrillero. Las medidas adoptadas culminaron con la invasión por la bahía de Cochinos el 17 de abril de 1961. Ambos ex presidentes enfocaron el tema de la Revolución cubana como si fuese un problema nacional en las elecciones de 1960.

El mandatario cubano Fulgencio Batista y el presidente Richard Nixon brindan por las relaciones entre ambos países

NIXON EN 1955 EN LA HABANA, HACIENDO UN BRINDIS CON EL TIRANO FULGENCIO BATISTA POR EL MANTENIMIENTO DE LAS ESTRECHAS RELACIONES ENTRE LOS ESTADOS UNIDOS Y CUBA, Y JUNTO A ELLOS EL EMBAJADOR GARDNER.

 

Nixon fue uno de los políticos que utilizó el anticomunismo como forma de sobresalir. Nació en Yorba Linda, en 1913 y con una beca en la Universidad Duke de Carolina del Norte, se licenció en Derecho en 1937 e ingresó en la firma Winger & Bewley, hasta llegar a socio. Al estallar la II Guerra Mundial se alistó en la Marina y después se dedicó por entero a la política. Fue elegido a la Cámara de Representantes sobre Jerry Worheer, a quien acusó de ser un instrumento de Moscú.

Entre 1948 y 1949, fue figura principal en la Cámara del Comité de Actividades Antiamericanas del senador Joseph McCarthy, donde se distinguió nacionalmente haciendo condenar a Alger Hiss, antiguo oficial del Departamento de Estado. Así se le designó para participar en el Plan Marshall y evitar el avance del socialismo en Europa occidental. En 1950 lo eligieron senador por California, en 1952 vicepresidente de Eisenhower y presidente de 1968 a 1974, cuando fue obligado a renunciar.

Fidel Castro recuerda su histórico encuentro con Nixon: “En fecha tan temprana como el mes de abril de 1959 (el día 19) visité Estados Unidos invitado por el Club de Prensa de Washington. Nixon se dignó recibirme en su oficina particular… No era un militante clandestino del Partido Comunista, como Nixon con su mirada pícara y escudriñadora llegó a pensar. Si algo puedo asegurar, y lo descubrí en la Universidad, es que fui primero comunista utópico y después un socialista radical, en virtud de mis propios análisis y estudios, y dispuesto a luchar con estrategia y táctica adecuadas.

“Mi único reparo al hablar con Nixon era la repugnancia a explicar con franqueza mi pensamiento a un vicepresidente y probable futuro Presidente de Estados Unidos, experto en concepciones económicas y métodos imperiales de gobierno en los que hacía rato yo no creía.”1

Años más tarde Granma publicó, en un artículo de Luis Báez, otros pormenores de la reunión con Nixon que Fidel relató en entrevista con periodistas norteamericanos.

“Fue una entrevista muy franca por mi parte, porque le expliqué cómo veíamos la situación cubana y las medidas que teníamos intención adoptar. En general, él no discutió, sino que se mostró amistoso y escuchó todo lo que tenía que decirle. Nuestra conversación se limitó a aquello. Tengo entendido que él sacó sus propias conclusiones de aquellas conversaciones. Creo que fue después de aquello cuando comenzaron los planes para la invasión.”

La reunión con Nixon duró poco más de dos horas y media y el criterio del vicepresidente de Estados Unidos fue desclasificado años después: “en lo concerniente a su visita a Estados Unidos, su interés fundamental no era lograr un cambio en la cuota azucarera ni obtener un préstamo del gobierno, sino ganar el apoyo de la opinión pública estadounidense para su política… Debo reconocer que en esencia apenas encontré en sus argumentos motivos para discrepar.

“Con mucho tacto traté de insinuarle a Castro que Muñoz Marín había hecho un magnífico trabajo en Puerto Rico en lo que respecta a atraer capital privado y en general a elevar el nivel de vida de su pueblo, y que Castro muy bien podría enviar a Puerto Rico a uno de sus principales asesores económicos para que conversara con Muñoz Marín. Esta sugerencia no lo entusiasmó mucho y señaló que el pueblo cubano era ‘muy nacionalista’ y sospecharía de cualquier programa iniciado en un país considerado como una ‘colonia’ de los Estados Unidos… Cabe destacar que no hizo ninguna pregunta sobre la cuota azucarera y ni siquiera mencionó específicamente la ayuda económica.”

“Mi valoración de él como hombre es de cierta forma ambivalente. De lo que sí podemos estar seguros es que posee esas cualidades indefinibles que lo hacen ser líder de los hombres. No debemos considerarlo, ilusoriamente, como un rebelde furibundo al estilo de Bolívar, por lo cual hay que obrar en consecuencia.

“Independientemente de lo que pensemos sobre él, será un gran factor en el desarrollo de Cuba y muy posiblemente en los asuntos de América Latina en general. Parece ser sincero, pero o bien es increíblemente ingenuo acerca del comunismo o está bajo la tutela comunista”.

“Pero como tiene el poder de liderazgo al que me he referido, lo único que pudiéramos hacer es al menos tratar de orientarlo hacia el rumbo correcto.

Richard Nixon fue después conocido como Dirty Dick (el tramposo Dick), por la ausencia de escrúpulos de los que hizo gala para conseguir sus objetivos con sucios métodos, como los falsos plomeros que envió para espiar a los candidatos del partido demócrata en el edificio Watergate, encabezados por el oficial de la CIA Howard Hunt, uno de los jefes de la invasión a Cuba en 1961. Ese episodio resultó ser la chispa que incendió su presidencia hasta hacerlo renunciar cuando cumplía su segundo mandato.

El Watergate fue un merecido resbalón en la carrera de Nixon. Dirty Dick había ganado la presidencia de Estados Unidos en 1968, en gran parte a consecuencia del asesinato de Robert Kennedy, quien investigaba el magnicidio cometido contra su hermano John en Texas en 1963. Sin embargo, no se ha relacionado ese crimen con Nixon, a pesar de que había sido reportado como presente en Dallas el día del magnicidio del mayor de los Kennedy.

Pero sí se le reconoce su responsabilidad por las masacres en Chile, ya que desde la elección de Salvador Allende como presidente, en septiembre de 1970, organizó el complot de la CIA que, aliada al sanguinario general Augusto Pinochet, derrocó al gobierno de la Unidad Popular elegido en las urnas y preparó el camino para extender el terror en toda la América del Sur.

Las recomendaciones de Nixon llevaron a que Eisenhower decidiese derrocar a Fidel y que, a solo siete meses de la entrevista en Estados Unidos, en un famoso memorando fechado el 11 de diciembre de 1959, el jefe de lo que poco después se tituló División del Hemisferio Occidental de la CIA, J. C. King, exhortase a: “Analizar minuciosamente la posibilidad de eliminar a Fidel Castro:

[… ] Muchas personas bien informadas consideran que la desaparición de Fidel aceleraría grandemente la caída del gobierno… ” La bahía de Cochinos fue uno de los resultados.