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La ONU sigue sin aportar ninguna solución para Gaza. De hecho la Comunidad Internacional parece haberse olvidado de que dos millones de palestinos viven en un campo de concentración sobrevolado continuamente por drones y dos veces al día por F16, para impedir que la población duerma y, así, ir aniquilándola poco a poco con la tortura mental, con el recurso perverso del stress postraumático. La alopecia o el cáncer no son allí enfermedades exclusivas de los viejos. Los niños, convertidos en una suerte de cobayas, experimentan morbilidades disparadas y ni siquiera se sienten a salvo alojados por decenas de miles en escuelas, donde duermen en lechos improvisados conscientes de que las bombas tampoco respetan ya esos lugares.

Del último arrasamiento sale un balance de 56.000 casas destruidas. Las autoridades y ONGs trabajan a marchas forzadas en la recuperación de noventa y dos mil que presentan daños diversos. Y es que el frío y la falta de abastecimiento energético son otros ingredientes de este genocidio consentido.

Los hebreos mantienen el bloqueo no sólo sobre el acero o el cemento sino también de las medicinas y hasta de las compresas. Ese regusto de maldad y deleite de una parte del pueblo israelí en ver como sufren los palestinos alcanza cotas explicadas desde el odio enquistado durante décadas. Pronto será primavera y, desde las colinas cercanas, familias judías harán de la contemplación del sufrimiento dentro de los muros un motivo de excursión y picnic. Son los “aspectos humanos” de una situación vivida con la seguridad y naturalidad que proporciona el respaldo del primo armado del Gran Norte desde que Ben Gurion estableció que la mejor forma de consolidar el Estado de Israel era el aplastamiento sistemático del pueblo palestino para detener su explosión demográfica.

Los depósitos bancarios de los judíos en EE.UU. alcanzan proporciones ingentes y su presencia en los lobbies es estratégica. Entretanto, los EE.UU. sacaron réditos de su intervención en Europa, después de que la Unión Soviética hubiera vencidoa Hitler por desgaste y con el tributo de 28 millones de muertos. El hecho es que su voto de calidad, su derecho a veto y la capacidad autoarrogada para actuar por libre, con el apoyo de alguna isla Estado del Pacífico, tienen pillado por los cojones a una ONU tibia, ineficaz, lenta y sin personalidad propia. Porque la solución, salomónica, la conocemos todos, no puede ser acordada por los agentes implicados, en un clima de odio enquistado, y ha de ser tomada haciendo cumplir la legalidad internacional y las directivas de Naciones Unidas.

Si hasta en este punto los propios hijos de la Gran Bretaña fueron partidarios del reconocimiento del Estado Palestino para no enfrentarse con un “problema árabe”, parecería pues a priori factible “convencer” a la derecha hebrea de las ventajas de la pacificación sin otras concesiones que el reconocimiento de Gaza y Cisjordania.

Sin embargo, las raíces del Sionismo son más profundas y se enredan con experiencias tan terribles como la expulsión de España, la enajenación de bienes, el Holocausto, el Éxodo… hechos todos que conjuraron a los judíos para no tener que abandonar nunca más su nueva patria y a blindarlos contra un entorno que interpretan como amenazantes. Sólo desde esas premisas puede entenderse su sobreactuación en el ejercicio de la violencia sistemática y despiadada. Pero también, y acaso por haber sufrido en sus carnes tanta ignominia, deberían haber desarrollado la inteligencia y la empatía suficientes para no hacer sufrir a su pueblo vecino la misma medicina que estuvo a punto de borrarlos del mapa como estirpe.

 

Imagen de hispantv.com