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Los Estados “Unidos” de Norteamérica se mantienen como una patria con un destino compartido, a pesar de su inmensidad y de la diversidad y autonomía de los territorios, gracias a símbolos compartidos por encima de atribuciones y leyes de ámbito local: las mazorcas fritas, el pastel de manzana, el pavo, la Orange Bowl, atravesar el país de costa a costa a través de la Ruta 66 a modo de experiencia iniciática o punto de inflexión, la bandera, la hostilidad contra culturas que por divergentes son presentadas como una amenaza… Si los líderes políticos de Washington no fomentaran la recurrencia a esa simbología compartida el país difícilmente se habría mantenido unido tras la sangre derramada para sofocar la expresión de la diferencia en el Sur o en la superación de la invertebración de habitaciones tan diversas como descomunales.

¿Cómo no entender, desde estas premisas, la forma endogámica de concebir la vida de los ciudadanos estadounidenses y de sus líderes? Los primeros no saben situar en el mapa España o el Mediterráneo… los segundos toman hasta las decisiones políticas en asuntos internacionales pensando primordialmente en sus repercusiones dentro de casa.

En el contexto actual Obama no está en condiciones de recuperar el apoyo popular si no es repescando los votos de su espectro natural perdidos por la desviación respecto del perfil con el que ganó las elecciones. Ha empezado con la política de inmigración y ahora da un golpe de mano con restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Cuba a las que debería seguir la suspensión de la ley Hems-Burton y el desbloqueo comercial total y efectivo. Esto ya dependerá del Congreso, a partir de Enero en manos de los Republicanos que, como Obama, actuarán en clave endogámica, electoralista y sabiendo de la importancia del Estado de Florida en los comicios. Obama hace un guiño a los cubanos, sí, pero a los de Florida. Porque la decisión, aunque afecta a cuestiones internacionales, ha sido tomada con la mirada puesta en las repercusiones internas en el mismo sentido con que en su día se retiraron las tropas de Vietnam o se firmó el presunto final de la guerra fría con Gorbachov.

Por coherencia con su programa, el próximo paso de Obama tendría que ser el desmantelamiento de Guantánamo, donde se mantiene la privación de libertad para musulmanes capturados en su mayoría al azar y que, como ha reconocido la propia CIA y era de dominio público, han sufrido torturas y el incumplimiento de las directivas de tribunales internacionales. Bush no vivirá cuando se desclasifiquen los papeles que lo incriminan en este asunto como también el el genocidio del pueblo iraquí, con la colaboración necesaria, a título pues de criminales de guerra, de Blair y Aznar, desoyendo los mandatos de la ONU de continuar con unas inspecciones que no habían encontrado armas de destrucción masiva.

En este momento de estrategias internas, a Obama le conviene desmarcarse de su predecesor y aprovechar la necesidad de aire fresco para la Agencia de Inteligencia para alcanzar pactos de los que el pueblo llano es ignorante y que contentan a todas las partes, incluso a los que evitan ser sentados ante un Tribunal Internacional de la Haya que, visto lo visto, existe para juzgar a según que índole de asesinos.

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ABAJO LA LEY HELMS BURTON!!!!!