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(conversaciones con Agrelo Abuín) Tratado ilógico filosófico

[…No son sujetos pasivos toda esa ralea de mandatarios que favorecen con sus políticas a empresas privadas que forran sus bolsillos y les guardan un lugar en sus Consejos. Tampoco son víctimas inocentes esa estirpe de oscuros funcionarios que alcanzan puestos intermedios en los que se cobra mucho y se puede pasar desapercibido mientras se adjudica trato de favor a firmas amigas. Ha habido durante muchos años barra libre en la utilización de la política para provecho propio y no como una vocación de servicio público. Las cosas podrían ir mejor a partir de la mayor presión de contados medios de comunicación convertidos en la policía que el Sistema mejor debía demandar de las auditorías. Pero lo cierto es que no queda ya ningún estamento, eslabón o instrumento libre de sospecha. La Ley de transparencia llevada al Parlamento no ha sido sino un forma de dinamitar una verdadera aplicación de instrumentos preventivos y también sancionadores contra la opacidad en el funcionamiento de los Partidos Políticos. El Tribunal de Cuentas, que ni siquiera responde al nivel de transparencia exigible, actúa con cuatro años de retraso. Y ¡qué decir del Banco de España! Los últimos gobernadores han respondido a perfiles que van de la corrupción más abyecta, hasta la complicidad con el accionariado mayoritario de grandes firmas, fraude en la responsabilidad in vigilando sobre operaciones con fondos, ampliaciones de capital o emisiones de deuda; o silencio e inmovilismo ante la constatación de indicadores económicos que anticipaban el crack. Para todos ellos el premio siempre llega en la forma de pensiones e indemnizaciones millonarias por un puñado de años de servicio.

El borrón y cuenta nueva ha rehabilitado para la Política a responsables de tomas de decisiones catastróficas para la población, llevadas a cabo por razones electoralistas. Ministros de pesca, medio ambiente, delegados del Gobierno fueron reciclados después del hundimiento del Prestige y premiados con nuevas carteras, con la dirección de la Guardia Civil o con una silla en Bruselas. Los que entonces desoyeron la voz de los técnicos y ocasionaron una catástrofe evitaron la asignación millonaria de fondos a Galicia desde Europa mediante la negación de que en nuestras costas se estuviera produciendo una marea negra. El tan bien ponderado por muchos nostálgicos, Manuel Fraga Iribarne, encabezó el ninguneo de lo que ocurría por su incompetencia y, con Rajoy, Veiga, Cañete, Jaume Matas y Arsenio Fernández de Mesa hizo que en Bruselas se echaran las manos a la cabeza, estupefactos por la no declaración de zona catastrófica.

El borrón y cuenta nueva se ampara en esa desmemoria colectiva emparentada con el convencimiento de que es inútil intentar cambiarlas cosas allá arriba, en la cúspide de la pirámide. Si un pobre roba un pollo en un supermercado tendrá que arrastrar un estigma en su carnet de identidad y en el curriculum que haya de presentar para intentar acceder a un trabajo esclavo por un sueldo miserable. Sin embargo, los grandes ladrones y corruptos pillados con la manos en la masa en sus grandes despachos en la Banca, en grandes Corporaciones o en la Función Pública compran al cabo de unos años viñedos y hoteles, adquieren grandes paquetes accionariales de “Blue Chips” o abren despachos o bufetes de Consejeros en la moqueta de los lugares más estratégicos. A algunos ni siquiera se les llega a retirar el título de hijo predilecto y a otros muchos la decisión temporal de enviarlos a destinos exóticos donde empezar una nueva vida con el apoyo del Partido les concede el beneficio del olvido.

Hay que acabar con la opacidad en el seno de los grandes Partidos. Sólo la auditoría externa llevada a cabo por profesionales sin vínculo alguno y sin más interés que el profesional puede insuflar aire fresco en unas estructuras podridas, anacrónicas e infectas. La renovación, la participación abierta y el debate interno son imposibles sin establecer mecanismos de control sobre la tentación de los que mandan desde la sombra en el sentido de utilizar la caja como una chequera propiedad de los mandos…].

EL RIESGO DE PERSEGUIR EL DELITO