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Es un lugar común el reconocimiento de que la crisis económica lo es también de valores. El Estado recorta sistemáticamente y en primer lugar la inversión en las “Humanidades” mientras los ciudadanos aspiran, en paralelo, a que sus hijos se super especialicen en miniparcelas de manera excluyente, en procedimientos y usos demandados por áreas de la industria y los servicios, en aras de un materialismo productivo que ha de cegar los ojos con relación a otros horizontes.

El saber humanístico, el juicio crítico en toda su potencia, el cultivo de las artes, la satisfacción de la curiosidad y el conocimiento del pasado para mejor imaginar el futuro, la filosofía en fin o la literatura van camino de adquirir categoría de residuales en los curriculums didácticos.

Los ciudadanos no son conscientes de hasta que punto su debilidad, tomados de uno en uno y, por ende, como colectivo, se acrecienta cuando a lo largo de su etapa formativa van omitiéndose, cercenándose aquellas materias críticas que contribuyen a que los individuos adquieran conciencia de su lugar en el mundo y en un punto de la Historia. De no estar presentes en todo el curriculum escolar, de manera transversal, el juicio crítico, la capacidad para la interacción y para comprender que estamos hechos del mismo barro, la colectividad va a ir perdiendo fuerza democrática en la deriva del marco de referencia para regular el modelo de convivencia y los derechos de todos los administrados.

No es casual que la reforma Wert conduzca a la marginación de las Humanidades. Está dentro de los fines espurios del Gobierno el debilitamiento de la conciencia crítica y del saber universal de los ciudadanos, colaboradores necesarios en la carrera por el desprestigio de todo lo que no es convertible a corto plazo en términos monetaristas.

La lucha por la supervivencia pura y dura abona un terreno en el que el acceso al mercado de trabajo, aun en condiciones de precariedad, aglutina matices éticos en tanto que el desempleo al que conduce la elección vocacional se reviste interesadamente de castigo necesario al egoísmo.

Se nos presenta, pues, un reto de pronunciamiento como padres, miembros de la sociedad, observadores y ciudadanos con juicio crítico para, poniendo todos esos elementos en la coctelera, poder percibir que la sociedad española da pasos hacia atrás, hacia un modelo asiático en vías de superación en el país de origen, y hacia la pérdida definitiva de la excelencia. Se trata de un ciclo, si; pero una vez dentro del pozo, tardaremos décadas en salir. La Reforma Wert conduce a la expulsión de nuestros alumnos con mayor formación hacia un escenario de gran movilidad, global, para que la ceguera de las decisiones gubernamentales en cuanto a estrategias de inversión en I+D+I no supongan la derrota de una generación entera de jóvenes sobradamente preparados sumida en un escenario castrante y aniquilador de su vocación vital. La elección de un espacio más amplio, sin fronteras, que multiplique las oportunidades es ahora inexcusable frente a la tentación del conformismo de los que aceptan los límites de un Sistema dirigista.

 

http://www.lavanguardia.com/estilos-de-vida/20111014/54229795673/las-humanidades-en-la-era-2-0.html