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En el seno del PSOE están aflorando “salvapatrias” por doquier, después de que el Partido saltara hecho pedazos, sin liderazgo, desideologizado y dando bandazos…; errático. Sacan la cabeza militantes que profesan grandes ideales desde planos invisibles, oscuros para el gran público, y que ahora, tal y como denota su discurso grandilocuente, han sentido la llamada del deber porque, según manifiestan en foros de todo el país, sería un lujo que el partido que ha venido encarnando el progreso social prescindiera de su valía.¿?

Sí, están leyendo bien. Los que se postulan como candidatos a presidir las ejecutivas locales y provinciales del PSOE a través de procesos de primarias tienen pegado en sus labios, adosado a su discurso, el pronombre personal de primera persona. No se trata de ese yoísmo intrépido que encarna la asunción de responsabilidades. A poco que se practique un análisis semántico al discurso de los candidatos emergentes a presidir el partido en A Coruña, como también en otros centenares de circunscripciones, se descubrirá el concepto tiránico, por no decir dictatorial, en el sentido más peyorativo del término o sea, el único, aunque sea con un pretendido fin de hacer el bien, que hay detrás de las abundantes soflamas maximalistas de autoafirmación: “YO quiero para mi partido.., Lo que YO quiero para mi país… YO me voy a rodear de los mejores… YO no voy a permitir… YO no he llegado hasta aquí, con todo el pozo de mi bagaje y mi conocimiento privilegiado de la ciudad, para… YO no he dado este paso sin haberlo madurado durante 25 años… YO,YO,YO…”. El discurso umbilical profundo de un partido que durante los últimos años se ha centrado en sus temas intestinos ha dado paso a este otro en el que los que llegan, los presuntos renovadores, recogen el testigo del endiosamiento, del aislamiento de la sociedad a la que dicen querer servir cuando se presentan con un plan personalizado, desafectado de todo proceso de debate, plural, tanto en los contenidos como en su expresión.

Ni un solo discurso de estos “salvapatrias” es la traducción del trabajo en equipo o de la aplicación de una metodología grupal en la resolución de los problemas de los ciudadanos. Muchas de estas figuras emergentes serán flor de un día. El PSOE, cada vez que estos nuevos candidatos y presuntos renovadores abren la boca, se distancia todavía más del conjunto de los ciudadanos, que precisan un discurso de ideas de urgente materialización para dar oxígeno a 30 millones de españoles y no una exhibición de personas que citan a la democracia como una reinvención de su puño y letra. Mientras tanto, una nueva izquierda le fagocita el espacio al partido de la rosa para generar un mapa en el que es el Sistema el que está en entredicho y donde se reclama con más fuerza el papel del Estado como garante de los intereses colectivos frente al actual atropello propiciado por el maridaje entre Gobierno y oligarquía.

No parece que en el PSOE se hayan enterado de que su espectro de electores es inversamente proporcional a su capacidad para recrearse en hacer de la política una industria o un ejercicio de vanidad.