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En un día como este, yermo, perdido en calendario entre todas esas festividades que pasan desapercibidas Asunción, con todo el respeto del mundo. En una tarde ni más calurosa ni más fresca, de verano, no especialmente luminosa, una más. En un mes en el que no hay más visitas que en el peor mes del blog; y una semana similar. Un post baladí, con tanta importancia para el lector como aquel de Vuelve a llover sobre Gaza, eso sí, con un 99 % menos de documentación, un 79 % menos de recursos periodísticos, un 86,3 % menos de tiempo empleado  y un 180 % menos de contenido. El periodismo está sobrevalorado. Infravalorado. ¿Está? ¿Se le espera?…

Creo que es un buen momento para reconocer, con calma, sin acudir a análisis minuciosos ni directos, ni retóricos— que la prensa está podrida, la televisión está podrida, los medios de comunicación están podridos y que esa podredumbre está gangrenando la profesión, que sobrevivirá. Puede que sin un brazo. O sin los dos. O sin miembros. Puede que sobreviva a base de eyecciones sanguinolentas de información de agencias hacia las extremidades mediáticas. Pero será un engendro. El periodismo. Será un Leviatán amorfo, sustentado por cuatro agencias y toneladas de basura (sin subestimar la basura de las citadas agencias). Un vertedero informativo, formativo… un vertedero del que la opinión pública se nutrirá de forma enfermiza para aplacar su abstinencia de morbo. Un chute de mierda para seguir viviendo en el mundo con anteojeras de jumento.

O puede que no, puede que el periodismo sobreviva, resurja, cree, forme, socialice y se reconcilie con la sociedad. Puede que un día nos perdonen. La humanidad sabe perdonar a los que yerran. Más bien es el tiempo. O el olvido. Las personas son como advirtió Thomas Hobbes malas por naturaleza. O buenas como advirtió Rousseau y la sociedad las corrompe. No sé, no soy nadie para contradecir a Hobbes, ni a Rousseau. Pero puede que nos perdonen.

Puede que algún día, yermo, perdido en el calendario entre todas esas festividades que pasan desapercibidas, o cualquier día lluvioso, que también los hay, me sienta orgulloso de esta profesión. Puede que deje de pensar “es que todos son malvados”. Pero el día que deje de pensar eso, será, seguro, porque el periodismo estará muerto. Será mal día ese. Yermo.