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¿Por qué los judíos no se conforman ahora con coexixtir con un Estado Palestino en un territorio durante más de dos mil años apetecido donde, al fin, han podido establecerse, aunque fuera por la fuerza? ¿Por qué desoyen la voz del sentido común y perseveran en su intención, fundamentada en un odio enquistado desde que el padre Abraham tuvo un hijo con la sirvienta, de aniquilar a cuatro millones de hermanastros?…

 

…Gaza ha sido privada del suministro de energía eléctrica. Los gestos más cotidianos en nuestro universo particular son allí imposibles ahora: conservar los alimentos en frío, recargar el teléfono, ver la televisión, calentar el agua, cocinar o, lo que es más importante, hacer funcionar los quirófanos para operar a vida o muerte.

En la Alemania nazi, surgida también de las urnas, la propaganda situó el foco del odio, dentro de las fronteras, de manera muy especial en los judíos. Bastaron unos pocos meses y la profundización en la depresión económica y la falta de puestos de trabajo para que la población, en su mayor parte, mirara hacia otro lado cuando se practicaban, en la puerta de al lado, las detenciones depurativas. Una antesala de lo que sería la muerte en los distintos frentes de casi ocho millones de soldados alemanes actuando bajo el principio de obediencia debida. La locura mesiánica del Führer y de un puñado de incondicionales vino precedida por un respaldo en las urnas y dio paso a un cambio cualitativo en los procesos bélicos: de los sesenta millones de muertos que ocasionó el “conflicto” el setenta por ciento eran miembros de la población civil.

El Israel de Netanyahu, como antes el de Ariel Sharon, son sistemas también democráticos, parlamentarios. Pero, como en el caso de la Alemania Nazi, el aparato de propaganda trabaja incansablemente construyendo motivos para experimentar con sus drones y sus F16 sobre la población de la Franja, encerrada en su ratonera. El Mossad fabrica pretextos y el Gobierno los autentica ante la sociedad judía, para que interiorice bien que sus niños son de carne sagrada y bendecida por el Dios verdadero mientras los del otro lado son carne de cañón, figurantes, indios de goma en la panoplia de los estrategas onanistas.

Mientras tanto, ninguna medida de presión por parte de la comunidad internacional: Europa se abstiene, calla, mira hacia otro lado; los EE.UU. con su flamante premio nobel de la Paz como presidente, reconocen el derecho de Israel a actuar para proteger a su pueblo¿?; la ONU, ese ente presidido por hombres de paja y diseñado para que prevalezca el veto de calidad de los vencedores contra el cumplimiento debido de las directivas, es corresponsable del mantenimiento para los Gazatíes de su condición de comunidad expoliada y confinada en un campo de concentración, sometida a tortura, envenenada, incautada, fichada, privada de su acceso al agua, a los campos de cultivo, a la libre circulación… todo ello por reivindicar su derecho a seguir viviendo su identidad colectiva en la que ha sido su tierra desde Abraham.

 

 

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