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(…) Si nos desapegamos de nuestra condición humana por un segundo y analizamos nuestra conducta desde un punto de vista más “universal” podemos resultar ciertamente ridículos.

Jacek Yerka ©

Ejemplo del consumo desorbitado de alcohol, que nos transporta a un estado de euforia para luego desenterrar nuestros peores fantasmas porque, no lo olvidemos, no es que existan borrachos “felices” y borrachos “tristes”, es que el alcohol es un potente depresivo que, tarde o temprano, hace que nos odiemos. Hay quien lo sabe llevar y hay a quien le consume por completo. Pero, a ojos de la existencia,  ¿cuál puede ser el objetivo de dañar nuestro organismo para coquetear con estados de realidad adulterada? Como la religión, o escritos de este corte: amortiguar la caída, las preguntas sin respuesta: creo que la inteligencia es uno de los mayores sinsentidos de la evolución, teniendo en cuenta que el cometido que se nos ha ofrecido no es proporcional  a la responsabilidad de la vida inteligente: qué si no eso de “creced y multiplicaos”, pues lo mismo que el resto de animales. Solo que, en nuestro caso, somos conscientes de la incongruencia existencial, menuda broma pesada.

En los últimos días (semanas) el científico estadounidense Robert Lanza ha declarado que la muerte, tal y como la concebimos, es una estupidez, una visión falsaSegún aclara Lanza, la muerte absoluta no existe, la existencia es un fenómeno continuo, dinámico y mutable. ¿Esperanza para nihilistas, para escépticos?,¿ pesimistas?, ¿o simplemente realistas? Para ellos, para mí no. Sigo tecleando sabiendo que, cada tecleo, es un inexorable paso más hacia la muerte. Ahora mismo acabo de levantar la mirada: visión invadida de paisajes manufacturados, gente leyendo, estudiando, consultando el horóscopo o arreglándose el flequillo. Eso es lo bueno. Por contra, yo, por mi vocación inquieta, me considero un filósofo (no en el sentido arrogante y normativo del término, sino como filos (amor) sofía (saber). Como amante insaciable del saber, tal vez, como almohadón existencial. Probablemente esté pecando de acomodado, ya que alguien que dedique el 80 % de su tiempo a sachar, a la pesca de arrastre o a la mina, no tiene tiempo para preocuparse por estas chuminadas; nos encontramos entonces con una respuesta posible (pobre y desilusionante) a la duda existencial: hemos nacido para producir y producir hasta que no producimos, no para pensar en chuminadas. Casi prefiero el nacemos para morir, lo cual es, analizado, una verdadera broma que alguien (algo) maquiavélico traza con resquemor.

“Se consciente de lo inevitable de tu muerte, pero con ecuanimidad. No hagas de la muerte una idea que solo te proporciona miedo y dolor”

Ante esto, la milenaria filosofía del yoga se erige como un ejemplo de visión desapegada del miedo existencial, que acepta lo absoluto. El yogui no lucha contra los acontecimientos, se adapta a las dificultades, ya que considera que el secreto está en el punto de vista con el que se mira, en uno mismo. En esta especie de “código de conducta interior” yogui, uno puede abrir su mente al aprendizaje y a la humildad, algo realmente útil en nuestra sociedad, que demanda un cambio que tiene que empezar en uno mismo. No se trata de dogmas ni imposiciones, sino de consejos de conducta para lograr estar en paz con uno mismo, y, por consiguiente, con los demás; así, para cambiar, es importante aceptar esto:

  1. Nada de lamentaciones: La lamentación alivia temporalmente, pero debilita interiormente y no permite asumir las cosas tal y como son.
  2. Nada de autocompadecerse: Es demasiado fácil. Cualquier contrariedad es motivo para la autocompasión. No debemos malgastar nuestras energías alimentando la pena de nosotros mismo.
  3. Superar la autoimportancia: Nos arrogamos cualidades de las que carecemos; fabricamos una imagen ilusoria de nuestro propio ego y ponemos nuestra vida al servicio de esa imagen. Egocentrismo, vanidad…, son elementos que nos hacen vulnerables y desencadenan estados de ánimo negativos. El narcisismo impide crecer.
  4. Cambiar el “no puedo” por “no quiero”: Debemos asumir los hechos tal como son, por dolorosos que resulten y no mentirnos a nosotros mismos.
  5. Cambiar el “me hacen” por “me hago”: ¿Quién te hace?, normalmente quien tú dejas que te haga, por tanto “te haces”. Los demás nos ofenden y nos hieren, pensamos, pero una buena parte es porque nos dejamos hacer; hay que descubrir el por qué. [(…)Buda dice: “ellos me insultan, pero yo no recojo el insulto (…)].
  6. No falsear: Ajustarnos a la realidad tal como es. Una cosa es nuestra visión de la realidad, y otra la realidad misma. El control de la palabra es necesario, ya que todo lo que surge en el autoengaño no puede ser hermoso ni puede ayudarnos a acrecentar la consciencia.
  7. Nada de pretextos o justificaciones: Esta es una forma de resistencia, de no responsabilizarnos de nuestros actos, una manera de no asumir nuestra forma de ser. El ego infantil que persiste contumazmente en nosotros tiende a pretextarse. Hacerlo es seguir alimentándole.
  8. Responsabilizarnos de nuestros actos: El niño no lo hace. Tiene una tendencia fácil para responsabilizar a los demás de sus desatinos. No responsabilizarse da lugar a inútiles sentimientos de culpa y arrepentimientos, cuando el siguiente punto es…
  9. Nunca culpabilizarse y nunca arrepentirse: Hay pocas actitudes tan falaces como el arrepentimiento. Nos arrepentimos y culpabilizamos porque no nos responsabilizamos de nuestros actos, porque no procedemos como sabemos que debiéramos hacer. Es mucho más fácil arrepentirse que actuar con precisión.
  10. Aceptación. Amor por nosotros mismos y por los demás: Desde la primera aceptación, empieza la evolución. Deja los disfraces, máscaras, etcétera.; muéstrate tal y como eres. No seas excesivamente indulgente pero acéptate y aprende a amarte, renuncia al sufrimiento. Esto no es autocompasión, o amor egocéntrico. Si te sientes en paz contigo mismo, conseguirás compartir una actitud amorosa con los demás.
  11. Tomar la vida como un maestro, sin demandar excesiva seguridad: Fluir, las situaciones difíciles no deben ser descartadas porque precisamente son las que fortalecen interiormente. Si demandamos excesiva seguridad, siempre nos sentiremos amenazados. La única seguridad es que todo es inevitablemente inseguro.
  12. Ser el propio refugio, la propia lámpara, la propia autoridad: Tú eres tu maestro y tu discípulo, tu refugio y lámpara. Evita las dependencias mórbidas y sé psicológicamente autosuficiente.
  13. Desarrollar el sentimiento de que cada segundo puede ser el último, para procurarle un significado pleno y creativo: Se consciente de lo inevitable de tu muerte, pero con ecuanimidad. No hagas de la muerte una idea que solo te proporciona miedo y dolor. Es inevitable. LA VIDA ENTONCES TIENE EL SIGNIFICADO QUE TÚ LE PROCURES; estás en el carnaval de la vida, no hay tiempo que perder, vívelo y utiliza toda tu inteligencia como ayuda para esclarecer la conciencia, ya que la muerte es parte misma de la vida.

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RAJA YOGA o yoga de los OCHO MIEMBROS: constituye un conjunto de técnicas complementarias que engloban la actividad del yogui. A primera vista podría pensarse que se trata de una serie escalonada de técnicas, debiendo superar la primera antes de iniciar la siguiente, pero realmente, cuando se profundiza lo suficiente en uno de los miembros, los otros aspectos del ashtângayoga resultan también profundizados de forma automática. Por ello, lo ideal es practicar cada uno de los ocho pasos simultáneamente, buscando siempre la armonía en la práctica.