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Asisto atónito al pasotismo de la sociedad española. Nos está pasando desapercibido uno de los mayores sinsentidos de la edad contemporánea. Nuestra sociedad, de pleno tecnológica y basada en la comodidad (en el Primer Mundo) de los avances tecnológicos, continúa asistiendo a contubernios medievales que, lejos de acercarnos a una sociedad positivista, basada en los derechos fundamentales y en la aplicación de los principios de los métodos científicos, nos retrotrae a épocas de oscurantismo, en pleno 2014, aún cuando Comte rechazara las pantomimas de la metafísica allá por el siglo XIX.

En pleno 2014 una mujer tiene que inclinarse ante un hombre en reverencia como señal de sumisión, y ambos sexos ante las autoridades que representan a Dios en la tierra (?), (¡incluso el rey ha de besar la mano de los camarlengos!). ¿Dónde estamos?, ¿hacia donde queremos ir cuando, en nuestra ignorancia, alabamos a un jefe del Estado por el simple hecho de ser alto, guapo y campechano? (por esta regla de tres nos valdría Cristiano Ronaldo). Nos creemos en la cima de la modernidad y no somos conscientes de que, cuando nuestros descendientes tengan que estudiar nuestra época, la recordarán como la etapa de mayor estupidez humana, porque no es sino estúpido permitir que se celebren estas parafernalias antediluvianas mientras niños pasan hambre. Será demagogia, pero vivimos un auténtico esperpento.