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   A pesar de los claros síntomas de negación de sus cúpulas, la socialdemocracia, entendida como posición socioeconómica ante los problemas y como forma de hacer política, está en caída libre. En España la falta de solidez programática y las diferencias entre alta esfera y militancia están provocando la pérdida de apoyos del PSOE.

Valenciano, Rubalcaba y Griñan entonando la Internacional

Esto no es nuevo, y tiene una explicación sencilla: coherencia política. La socialdemocracia ha estado fallando a este concepto (por momentos) durante los últimos 30 años. El PSOE nos ha dejado demasiadas muestras de incongruencia con los principios del movimiento socialdemócrata (progresismo, integración ciudadana, participación, medio ambiente y solidaridad) lo que se suele traducir en pérdida de apoyo electoral. El discurso perdido e incoherente ha terminado de dañar de muerte a un partido histórico que nació tras el fervor del Sexenio Democrático de la mano de un aprendiz de tipógrafo, autodidacta en esto de la política y sobre el que, en sus inicios, cobraría vida la importante influencia de Frederich Engels, Pablo Iglesias (Possé). Pero todo se empezó a torcer (moderar) como sucedió con una buena parte del socialismo europeo, tras la II Internacional: la idea del reformismo cala y la escisión se completa tras la convocatoria de la III Internacional por parte de los partidos revolucionarios marxistas que (por cierto), fueron los que durante la II Internacional se posicionaron en contra del belicismo de sus estados en la Primera Guerra Mundial por considerarla una herramienta de la burguesía, al contrario que los partidos socialdemócratas que sí apoyaron a sus países en esta aventura belicista, como en el caso del SPD al Káiser Guillermo II; pacifismo.

Es importante hacer este ejercicio de memoria histórica para entender hasta qué punto resulta contradictorio ver a estos líderes trasnochados del actual PSOE levantar el puño cerrado y entonar el himno de la Internacional Socialista mientras disfrutan de las condiciones de impunidad de su aforamiento, o mientras permiten impasibles que los movimientos sindicales, imprescindibles para el desarrollo de los derechos de los trabajadores, se conviertan en nidos de liberados, gente que en su vida ha trabajado y que come de la mano de la financiación del Estado, mano que no pueden morder, por supuesto.

Esta visión pesimista podría serlo menos si el aparato socialista  comenzase un proceso real de regeneración, algo impensable hasta el batacazo en las europeas, y la potente irrupción en el panorama de la izquierda española de PODEMOS. No es muy creíble que se nos hable de la entrada de savia nueva cuando la cúpula federal sigue estando colmada de viejos cargos de los gobiernos de Felipe González, un presidente que, por cierto, de Socialista tiene lo justo. ¿O alguien me puede explicar dentro de la teoría socialista las más de 70 operaciones (13.200 millones de euros) de su gobierno dedicadas a la privatización de sectores estratégicos clave en la producción económica española?, claro que viendo su cargo en el consejo de administración de Gas Natural Fenosa podríamos decir que se lo ha montado bien, aunque esto último se le perdona ya que lo deja porque “se aburre“. Otra reminiscencia del ideario defendido por la socialdemocracia durante la II Internacional fue el apoyo del ejecutivo de González al proyecto imperialista de la OTAN. Por no hablar de la corrupción y el terrorismo de estado (caso Filesa, Roldán, GAL…). Todo un ejemplo de coherencia política. La guinda la pone la segunda legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero, en la que comienza un proceso que parece irreal, en el que el PSOE comienza a aplicar políticas económicas restrictivas, de recortes sociales y de medidas que fulminan la demanda agregada. Se oyen los movimientos de las tumbas de Berstein e Iglesias en Galicia.

¿Por qué tanto miedo a la irrupción de los Eduardo Madina, Susana Díaz o incluso Beatriz Talegón? ¿Por qué ese miedo a las listas abiertas? ¿Dónde queda eso de la participación ciudadana, dónde el progresismo? Seguramente en el mismo sitio que el pacifismo y la defensa de lo público. En el mismo sitio que la solidaridad internacional, porque es muy bonito eso de apoyar la causa palestina y, al mismo tiempo, armar a regímenes totalitarios como el de Marruecos o Arabia Saudí. Coherencia Política, sólo se trata de eso, y como hemos visto es un problema histórico de la socialdemocracia, por lo que la crisis del PSOE, me temo, es más profunda de lo que parece. Al tiempo.