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Será cousa de meigas, pero la Semana Santa, irónicamente, saca lo peor de mi. Creo (creo de veras) que es la primera vez que alguien circulando por el carril izquierdo, el de adelantamiento, agota mi paciencia y colma el vaso con una última gota que me motiva a escribir, porque hoy día, pocas formas más tengo de desahogarme.

Yo viviendo por encima de mis posibilidades

Miguel Blesa es el ejemplo de que aquí ha vivido por encima de sus posibilidades un puñado de cuatreros”

 

   Los Viernes Santo suelen ser días de distensión, relax y carga de pilas (excepto para los bolonios). Después de una apacible jornada de estudio no hay nada mejor que ponerse La Sexta Columna (en el caso de ayer #ComoBlesaPorSuCaja) para ser consciente de la broma existencial, de lo irrisorio que resulta a veces todo lo que nos rodea, de la volatilidad de palabras como libertad, igualdad o justicia (especialmente esta última). Miguel Blesa es el ejemplo de que aquí ha vivido por encima de sus posibilidades un puñado de cuatreros que ha sembrado la idea paradójicamente aceptada por la opinión pública de que todos lo hemos hecho. Pues yo no, y el 99% de la gente humilde tampoco, las cartas sobre la mesa de una vez: aspirar a tener una casa, a estudiar una carrera o a abrir un pequeño negocio no es cazar hipopótamos en Tanzania, osos en los Cárpatos o conducir un Ferrari, un Bugatti, un Porsche 911 o cinco yates. Juan Carlos Alfonso Víctor María de Borbón y Borbón-Dos Sicilias, rey de esta demofalacia, es uno de los ejemplos de esas personas que han vivido por encima de las posibilidades de todos nosotros, con sueldos pagados por todos nosotros; me importa un carajo lo que se haya bajado la atribución la Casa Real o lo campechano que sea, el Jefe de Estado de España (impuesto por un dictador a través de una anacrónica Ley de Sucesión de 1947) se dedica a matar elefantes en Botswana con un rifle de oro y cristales Swarovski, a entablar amistades con torturadores como Mohamed VI de Marruecos y a pedir perdón por todo ello. Pero la culpa no es de él, no se equivoque, si está leyendo esto piense que la culpa es de toda esa gente que le rodea y que dice “es una buena persona, es lo mejor que podemos tener, una República no tiene sentido, nos representa bien fuera de España, ya se ha disculpado cosa que no han hecho otros” y todas esas estupideces. Esa gente que sale en Semana Santa con toda la ilusión del mundo a recibir latigazos por ser un buen cristiano, a cargar con costales, con Vírgenes, Cristos y con el Espíritu Santo, que llora cuando no puede salir a la procesión porque llueve pero no porque se le quite el derecho a vivir dignamente; esa gente que te llama antisistema y te manda a Cuba por defender los derechos de la mayoría, incluyendo la suya. A toda esa gente, que me pedirá respeto para los creyentes o para la gente que vote azul, a toda esa gente le dedico mi más sincera desconsideración. Porque el respeto, como el resto de derechos, hay que ganárselo y ya estoy un poco harto de recibir lecciones de ética por parte de cómplices de esta estafa.

   Otro ejemplo de “estafador amnistiado” es el ya mencionado Miguel Blesa, un personaje sin ningún tipo de conocimiento financiero que ya no pasa desapercibido para la Res Pública. Este delfín de Jose María Aznar mandó a pique una institución que sobrevivió durante 300 años a toda suerte de despropósitos políticos en España, pero que no pudo con el despilfarro al que fue sometida por una manada de lobos (y lobas) que hicieron de Caja Madrid su cueva de Alí-Babá particular. ¿Quién responde hoy por la fusión de Caja Madrid con Bancaja? ¿Por su desastrosa salida a bolsa? ¿Quién por la venta de la estafa llamada preferentes? ¿Esperanza Aguirre? ¿Rodrigo Rato? ¿El Banco de España? ¿Alguien?, no, quienes respondemos por todo somos los que “vivimos por encima de nuestras posibilidades” esos años. Seguirá habiendo impunidad y yo seguiré siendo otro rojo exaltado, tiene tela.