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 El 2 de abril de 2013 la Asamblea General de las Naciones Unidas vota para aprobar un tratado que se erige como el instrumento fundamental de los estados para luchar contra el tráfico ilícito internacional de armamento, que mueve anualmente unos 20.000 millones de euros.

Este Tratado “privilegia” a los países exportadores

Con los votos a favor de todas las naciones, exceptuando 23 abstenciones (entre ellas las de Rusia, China y los países de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América) y las negativas de Siria, Irán y Corea del Norte, se aprueba el texto. Existen muchas dudas sobre la aplicación de este tratado, su puesta en práctica, sus plazos, la ratificación, etc. Dudas que se traducen, como de costumbre, en desinformación para la opinión publica y más cuando desde los medios de comunicación simplemente se dice “estos tres han votado en contra” y no se ofrece su versión de los hechos, ni sus razones, no se valora de la misma forma a las fuentes y por tanto, se tergiversa:

No estamos en contra del tratado, pero no podemos apoyarlo tal como está planteado porque no incluye los puntos que habíamos planteado para que fuera equilibrado“, dijo el embajador sirio, Bashar Jaafari, al anunciar el voto en contra de su país. “El texto no prohíbe la transferencia de armas a grupos armados no estatales” e “ignora” la propuesta de algunos de mencionar los derechos inalienables de los pueblos cuyo territorio está siendo ocupado por una potencia extranjera“. 

No es extraño que Siria se manifieste en contra de la omisión de estos puntos en el Tratado, que favorecen enormemente la impunidad para países como Estados Unidos, mayor exportador de armas del mundo, que a través de sus servicios de inteligencia y grupos de operaciones especiales “cede” grandes cantidades de armas a los rebeldes sirios. Según informó Associated Press en septiembre de 2013 “Un alto funcionario de la inteligencia estadounidense y dos ex-funcionarios informaron de que la ayuda estaba llegando a Siria desde hacía más de un mes, la mayor parte a través de terceros (países del golfo aliados de los EEUU), lo que podría explicar por qué el comandante rebelde Idris no creyese en su momento que Washington estuviese implicado directamente en la entrega de la ayuda. Los funcionarios dijeron que la ayuda se entregó a comandantes aliados que habían estado previamente controlados por la CIA, y a las armas se les hace un seguimiento a través de personas de confianza en el país, aunque al final, una vez que están en manos de los combatientes, Washington pierde de vista dónde van las armas.

Por su parte, los representantes de Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua y Venezuela (ALBA) anunciaron finalmente su decisión de abstenerse al considerar que el tratado “privilegia” a los países exportadores y es susceptible de ser “manipulado políticamente”. Los cinco países coincidieron también en que el texto del tratado “no es equilibrado”, ya que no incluye una mención expresa a la prohibición de transferir armas a grupos armados no estatales e incluye algunas “deficiencias” que les impiden votar a favor de su aprobación.

El negocio de las armas genera un montante total de más de 70.000 millones de dólares anuales, de los cuales cerca del 30% se traduce en tráfico ilegal o subterráneo. El Tratado Internacional sobre el comercio de Armas  se crea con la intención de evitar este estraperlo, pero burocráticamente es una auténtica quimera. Para su entrada en vigor, es necesario que de los países integrantes, 50 no sólo firmen, sino que también ratifiquen el mismo. El 2 de abril del pasado año se celebraba con efusivos aplausos en la Asamblea de la ONU la votación del Tratado. A día 13 de abril (y tras las ratificaciones el miércoles 9 de 18 naciones, incluida España) son únicamente 31 los países que han ratificado el Tratado de Comercio de Armas, que entrará en vigor pasados noventa días después de que el 50º país deposite su instrumento de ratificación. En otras palabras: todo apunta a que su aplicación comenzará, siendo optimistas, en 2015, todo esto obviamente sin apelar al consenso de la cámara, y cediendo ante la presión de las mayorías interesadas.

Lo peor no es que este Tratado quede en simple papeleo, lo más deshonesto es que se utilice como arma para desprestigiar las demandas de los países no-alineados, que van más allá de la legislación internacional “para la galería” y buscan un desarme progresivo de las grandes potencias nucleares algo que, gracias al ignominioso tratado de No Proliferación (diferente de desaparición) de armas Nucleares, asegura la hegemonía comercial y armamentística de los de siempre.