Etiquetas

¿Qué pasa con este puto país? Los que están en “exclusión social” o en riesgo, tienen que tener un par cada día para encontrar razones vitales; los que siguen con su trabajo de a cuatro euros hora saben que su status está hecho de arenas movedizas, y si tienen hijos no llegan a casa a la hora de arroparlos.

Reflexiones sobre el belicismo mediático

Los que conservan, o casi, sus condiciones de salario, horarios, etc. tiene miedo de perderlo todo. Al fin, por dondequiera que vayas las caras reflejan tristeza, preocupación, angustia, estrés y las farmacias como también las consultas de primaria corroboran esa impresión. La sociedad está enferma. Y no vale decir que en ocasiones se tira la casa por la ventana y suenan las suelas de los zapatos y los chasquidos de los vasos llenos de gin tonic. Aquí se trata de que la velocidad de crucero de la peña es rácana. No hay humores para salir a la calle y enfrentar el presente, el futuro. Los lugares de reunión, las costumbres que nos recordaban que, como los lobos, somos seres de manada, han quedado desplazados por la vida en células aisladas y los fines de semana calzados desde el amanecer hasta el ocaso con la bata y las alpargatas.

Hay que reaccionar, carajo. Y este es un llamamiento a los muchos que no quieren enterarse de que son privilegiados en un contexto donde afloran situaciones penosas. Debemos reaccionar, por nosotros, pero y sobre todo por los muchos que necesitan que lo hagamos. Tomemos de una puta vez conciencia de que si queremos podemos, de que nuestros actos no son inocentes y tienen consecuencias políticas. Porque no vivimos con las cabras,si no que somos dependientes del sistema al que alimentamos. Nuestra función no empieza y acaba con el acto de votar cada cuatro años. Hay demasiados testimonios a lo largo de la Historia, remota y actual, de que los elegidos subvierten sus mandatos y sus programas desde el día siguiente al que les otorgamos nuestra confianza. Por tanto, hay que pensar en refundar un nuevo modo de organizar la democracia y mientras tanto esto no cristaliza, no nos queda otra que hacernos oír. Reaccionemos. Resulta lastimoso escuchar a los votantes de los partidos que ya han tenido ocasión de gobernar con prácticas de abuso de posición dominante quejándose de haber sido engañados y jurando que su voto nunca más irá para el PP, para el PSOE… Luego las elecciones vuelven a demostrar la inmadurez de una gran parte de los ciudadanos que no se molesta ni quiere tener una mirada divergente, conceder una oportunidad a otras opciones que sólo conocen por el ninguneo ejercido por aquellos a quienes acusan de haberles engañado.

Esta sociedad no puede escudarse en la ignorancia para seguir declinando el ejercicio de su mayor responsabilidad, que es la búsqueda de la verdad. Si no se produce ese giro social, será ocioso, hilarante, reivindicar que nos merecemos otra clase de gobernantes y se cumplirá el axioma “tenemos lo que merecemos”.

Invirtamos tiempo en articularnos como lo que el Poder avasallador llama “grupos de presión callejera”. Tenemos que recuperar el sentido de los movimientos vecinales que tan importantes fueron cuando había que luchar contra la bicha. La cabeza de la pirámide sólo reacciona cuando ve que peligra su pervivencia y para entonces nuestra depresión o nuestra inclinación suicida son de lo más inútiles. La sociedad, por desgracia y también por fortuna, brinda ahora la oportunidad siempre acogedora de que los que se caen en la mayor miseria encuentren un enorme corpus de iguales que fortalece su sentido solidario y su sensación de no estar sólos en el mundo. Salgamos juntos de esto y llevémonos por delante una forma de concebir la política por una parte de los “gestores” como oportunidad de enriquecerse y no como responsabilidad de administrar solidariamente para redistribuir los recursos y lograr que nadie se quede en exclusión social.