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  Ya han pasado unas horas desde el ingreso en prisión del ex-tesorero del Partido Popular Luis Bárcenas. El (segundo) primer enemigo real de la democracia que el sistema judicial español es capaz de encerrar en nuestros días.

Luis Bárcenas se guardará ese dedo en Soto del Real

     Ese “dedito”, dirigido a todos y cada uno de los españoles, en un gesto de completo desprecio hacia la población, el sistema judicial, y la democracia en general fue el zénit del pandemónium en el que se ha ido convirtiendo nuestro país.

  Durante una etapa socialmente convulsa como es la que nos atañe, lo que estamos acostumbrados a ver es el encarcelamiento de activistas o manifestantes por “alteración del orden público”, el pan nuestro de cada día en un país en el que, según un abanico importante de fuentes, se celebran entre 25 y 50 manifestaciones diarias. Este tipo de protestas, en su gran mayoría, son la herencia de un sistema mal gestionado por personas avariciosas, con intereses cortoplacistas; son el fruto de actividades irregulares como las que han llevado a Luis Bárcenas a la cárcel. En este caso, el juez Pablo Ruz ha estimado oportuno un ingreso preventivo sin fianza, una decisión acertada teniendo en cuenta los antecedentes: defraudadores de hacienda que ingresan en prisión, pagan unos “milloncetes” para quedar “limpios” con Hacienda y a vivir.

  Lo mejor de esta circunstancia es el miedo, el miedo que debe pasar de una población que sufre día a día los latigazos de esta crisis a las clases dominantes. Lo mejor de esto, es el miedo del PP a que Bárcenas “cante”.

  Esperemos que la justicia empiece a ser un arma para mejorar la democracia, que las personas que nos han sumido en la miseria empiecen a pagar por sus delitos, que los que nos gobiernan empiecen a temer de verdad la contestación social y que Bárcenas sea el primero de muchos.