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Microrrelato

«Yo, señor, no soy malo, pero no se me ha ofrecido otra opción: No me gusta engañar, pero todos a mi alrededor mienten; no me gusta robar, pero los que me gobiernan roban; no me gusta matar, pero mi país mata a gente inocente allende sus fronteras; me complace llenar mi interior de paz saludando a todos mis semejantes, pero la deferencia es un valor hoy día extinto; me encanta leer e informarme, pero mis allegados aborrecen cualquier lectura que supere en complejidad a la cartelera televisiva; me encantan los paisajes de mi tierra: los Ancares, las rías, las fragas… Pero los “peces gordos” son más partidarios de altos edificios y megalómanas torres que escupen humo. Soy un pobre hombre a merced de la voluntad de las masas, ¿qué puedo hacer yo ante los designios de la omnipotente mayoría?, ¿no es acaso eso la democracia? Será justo entonces que me resigne a aceptar el mantra que dicta: “el hombre es malo por naturaleza”, será justo culpar siempre a los demás y será justo evitar el cambio interior de todos y cada uno de los componentes de una multitud hambrienta de metamorfosis pero impasible, será justo