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  La tiranía televisiva, entendida como tiranía de actualidad, de directo, ha llevado al ser humano a una conducta aborregada y más propia de reses que de individuos poseedores de cierto nivel de raciocinio.

  Como en la película Network (sumamente adelantada a su tiempo), el target televisivo actual responde a una serie de consignas mercantiles muy determinadas, denominadores comunes de un mercado audiovisual enfangado, con predominancia mugrienta (que no desaseada).

   Mientras usted dedica su tiempo leer este post, el prime time televisivo de los grandes grupos audiovisuales de nuestro país es dominado por info-shows disfrazados de tertulias pluritemáticas y con diversidad de colores políticos, donde periodistas (no) especializados (no) debaten sobre el devenir de los hechos que afectan a la actualidad más candente. Cierto es que, por momentos, La Sexta Noche, o El Gran Debate (excusamos hablar sobre El Gato al Agua, El cascabel y otros perjuiciosos programas extremadamente nocivos para el usuario desinformado) parecen conseguir cierto nivel de calidad informativa, a través de fugaces colaboraciones de profesores, catedráticos y especialistas con buen dominio de su área y de la retórica discursiva que exige la buena  praxis comunicativa; no obstante, el conocimiento está condenado al ostracismo en esta nueva “era infoshow”,  quedando reducido su radio de difusión a ciertos “formatos isla” en los que la televisión se entiende realmente como un servicio público de información y de formación para la opinión pública. Programas como Fort Apache, La Sexta Columna o Equipo de Investigación o La Rosa de los Vientos (en radio) son ejemplos de calidad informativa, un valor añadido que parece no contar para las empresas mediáticas.

     En la película Network, los espectadores de una importante multinacional televisiva norteamericana tienen la suerte de que el éxito en pantalla y el efecto positivo sobre la audiencia del excéntrico presentador de noticias Howard Beale, prime sobre el  mensaje que éste ofrece: un mensaje atrevido, que en muchas ocasiones le cuesta a Beale la etiqueta de “Loco”, “Rojo” o “Lunático”, pero que mantiene a pesar del choque que supone con la línea editorial del medio. La cadena decide mantenerlo en antena aún a sabiendas de que el mensaje arenga al espectador a abandonar la pasividad y a exigir un sistema realmente justo, es decir, consiste en lanzar piedras contra su propio tejado. ¿Por qué lo mantienen entonces? Audiencia, la tiranía del mercado, el capitalismo salvaje llevado a su máxima expresión. ¿Le recuerda a algo? Encienda el televisor y analice la actualidad audivisual, o mejor aún, apague el televisor, y encienda su mente. 

  “Encuentro la televisión muy educativa. Cada vez que alguien la enciende, me retiro a otra habitación y leo un libro”.  Groucho Marx