El Ebrio Parnasiano

  Con frecuencia, se suele asociar al maestro de la literatura contemporánea Charles Bukowski con la vida suburbial, llena de excesos y enfermiza pero no sin atractivo, en especial para el lector.

“El conocimiento si no se sabe aplicar es peor que la ignorancia”; Escritos de un viejo indecente

  En su obra de mayor reconocimiento, Mujeres, Bukowski (a través de Henry Chinaski) nos presenta la decadente vida de un cincuentañero a la busca de la actividad sexual que, en su momento, fue inhibida. Chinaski describe su vida, su entorno, sus costumbres como algo miserable, rastrero e indeseable, algo a lo que no obstante, se aferra con fuerza, como un vínculo necesario entre la pluma y la letra, el protagonista y su creador.

  Algo similar sucede en la última novela del escritor de origen alemán, poco reconocida pero sin duda una de las más expresivas en cuanto al estilo literario que lo caracteriza, el realismo sucio. En Pulp, Bukowski se aleja un poco más de la realidad (sin salir de Los Ángeles) para narrar desde la piel de Nick Belane una exhasperante búsqueda trabada por costumbres y prácticas propias de un hombre atormentado por los monstruos de su subconsciente.

Las dos novelas tienen un nexo de unión más importante de lo que parece: el whisky. En cierta forma el alcohol es un salvoconducto para todo tipo de circunstancias, en Pulp llega incluso a embriagar e introducir por completo al lector en una atmósfera inenarrable, peligrosamente adictiva y nociva a la vez.

  Está claro que en las obras de Bukowski, se refleja la vida de hombres indeseables, sobresalientes en su campo, pero miserables en su vida, anclados a un círculo tóxico. Dejar aflorar a través de su “alter ego” Henry Chinaski los innumerables traumas que el autor reconocía atesorar se puede considerar una forma de limpiar su conciencia, especialmente en la obra La senda del perdedor.  

“Sólo estaba mi padre y la badana de afilar, el baño y yo”; La senda del perdedor

    Obviamente, el autor no es Henry Chinaski, y aunque nos quiera hacer creer lo contrario, y nos lo trate de presentar como un pobre diablo (cosa que es hasta el último de sus átomos) estoy seguro de que Bukowski rozaba la excelencia y por ende dominaba esta forma de reflejar su realidad; y entendía demasiado bien a las mujeres, las conocía, era como una de ellas, al contrario que Chinaski. De todas formas se suele tachar su estilo como excesivamente soez, una forma deliberada de convertir en sucio todo el ecosistema que rodea los entornos que describe.

   Sólo a través del conocimiento podemos dominar un terreno y está claro que Charles Bukowski conoce la ignorancia y lo ignorante, lo miserable y lo ruín, y es capaz de abstraer al lector de tal forma que, un simple poema mal escrito puede llegar a evocar más que cualquier formato clásico de composición lírica. Es la magia de lo soez. Chinaski no entiende a las mujeres, Bukowski domina su raciocinio.

2 comentarios en “El Ebrio Parnasiano

  1. No me gustan los hombres que escriben o realizan una película creyendo conocer a las mujeres. Así como tampoco me agrada en absoluto esas mujeres que creen conocer a los hombres y les adjudican prototipos y clichés en sus escritos. Por eso me gusta tanto Hitchcock, quizás. Me gusta porque nunca intentó adivinarlas, me gusta porque la realización de sus films y sus planos sólo muestran lo que el personaje (femenino) ve. No intenta perfilar sus sentimientos. Y, probablemente, por eso me gusta también Bukowski. No creo o, más bien, prefiero pensar que nunca intentó entenderlas (nos). No creo que las entendiera porque para comprenderlas hacen falta más años de los que la vida nos puede dar. Para comprenderlas no hace falta un arsenal de frases sexuales. Que también.

    Me gusta Bukowski porque es aire fresco, es soberbia y grosería desmesurada. Me gusta porque trata a las cosas por lo que son: pasiones, insultos, muertes sentimentales, puro carnal, sentimiento en estado efervescente. Me gusta Bukowski porque vivía mal, no estaba muy perturbado pero lo justo para perturbarme en cada libro. Me gusta porque nadie le entendía y me creo única porque yo sí le entiendo. Sé que no es verdad. Me gusta porque era un canalla y cuando le leo recuerdo a Caravaggio. Y no todos los hombres me recuerdan a este pintor. Me gusta porque en sus libros es simple, sabe lo que tiene que decir y cómo lo tiene que decir. Se da por supuesto que todos los escritores tienen que ser así pero pocos lo cumplen. Sus personajes aman a las mujeres y también las hacen sufrir. La vida misma. Llanto, alegría, sufrimiento. Yo soy demasiado feliz como para que no me guste Bukowski. Sólo le supera en cierta manera Henry Miller. Ya te hablé de él.

    Nos leemos.

  2. Es la eterna vinculación propuesta entre locura y creatividad. La mente atormentada se manifiesta en los sueños, que pesan más que la conciencia. Apollinaire y las cien mil vergas recorriendo atroces caminos de las perversiones más inimaginables para mentes convencionales. La beat generation haciendo de las miserias diarias totems recordables. Y la tentación de los Panero o Antonin Artaud para ceder a la alucinación consciente, alcanzar el borde del precipicio, sacarse los dientes y los atavíos para que nada accesorio perturbe la cavidad que debe albergar la mirada frontal a las tentaciones… Y frente a todos ellos, Balzac instalado en la rutina más burguesa y respetuosa con el descanso y los hábitos saludables para poder ser capaz de introducir su bisturí en las miserias humanas.

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