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 “No os rindáis a esos hombres que en realidad os desprecian os esclavizan, reglamentan vuestras vidas y os dicen lo que tenis que hacer, que pensar y que sentir. Os barren el cerebro os ceban y os tratan como a ganado.” Charles Chaplin, 1940

 

 Dicen que cualquier tiempo pasado fue mejor, que hoy en día la juventud está echada a perder, que esto antes no pasaba, que como sigamos así… Como sigamos así, seguiremos mal. No se trata de asegurar un futuro mejor, se trata de mejorar el presente para que exista futuro.

  En España nadie es racista, nadie es homófobo, nadie es corrupto…¡Ah sí! Y todos vemos los documentales de la 2. Todos nos llenamos la boca criticando la telebasura, la corrupción, los problemas de la educación y la intolerancia racial, pero así  “de puertas pa’fuera”. A la hora de la verdad somos un pueblo intolerante, corrupto, mentiroso, inmovilista, tramposo e ignorante (no me gusta generalizar, siempre hay excepciones). Piénsalo un segundo, ¿te consideras un miembro de “las masas”? ¿A que no? No, porque ninguno de nosotros se considera perteneciente a esa “masa”, pero “la masa” existe, está ahí y confirma la regla. Esa “masa” que cada día demanda más contenidos insulsos, menos información y más formatos alienantes. Es posible que Mariano Rajoy haya recibido dinero que no ha declarado, pero “la masa” lo ha elegido sin haberse documentado lo suficiente como para votar a su partido. Es posible que los bancos hayan robado, pero poca gente retira su capital de los mismos cuando se promueven campañas con ese fin. Es posible que demasiada gente esté durmiendo en la calle hoy, pero muy pocos ayudan en los comedores sociales de sus barrios o ciudades. Claro que la crisis es un problema político y económico, pero también social. La sociedad probablemente no tenga tanta responsabilidad en el origen, pero tiene toda en la resolución. Somos nosotros los que debemos cambiar este sistema, pasar de testigos a protagonistas. Un pueblo ignorante y amansado es mucho más maleable, más susceptible a la manipulación y títere de una democracia mercantilizada y convertida en un sistema bipartidista despótico que poco tiene que ver con la idea de una democracia real y representativa en la que sus miembros poseen la capacidad de mejorar el presente para que exista futuro.

  Si realmente queremos cambiar el sistema tenemos que empezar por nosotros mismos. Debemos aprovechar las herramientas que nos brindan conocimiento para poder combatir la demagogia y los embustes de los que quieren prolongar este sistema que sólo favorece a unos pocos. Tenemos que leer, tenemos que formarnos y EXIGIR que se nos forme, no renunciar NUNCA a una educación pública y de calidad porque si lo hacemos no habrá vuelta atrás, no existirá capital humano y el poco que haya emigrará en busca de oportunidades que aquí no se le brindan. Sin capital humano no hay presente y sin presente, no hay futuro.