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Los lobbys financieros dominan el mapa comunicativo occidental

  En nuestro días,  bajo una fachada mediática de diversidad y pluralidad de opinión donde todo el mundo tiene su espacio, se esconde un monopolio comunicativo en manos de la aristocracia, que domina el sistema gracias a las facilidades financieras de su clase.

En los estados supuestamente democráticos se critica la monopolización y la represión informativa de los países llamados “totalitarios”, pero no se habla de que en los sistemas capitalistas, los medios de comunicación están subyugados por la plutocracia, que es la que posee los medios financieros y utiliza la prensa, como hizo Napoleón durante su etapa imperialista, con la intención de conservar y dilatar su estadía en el poder durante el máximo tiempo posible. Puede parecer pura demagogia si se generaliza de esta forma, pero en el caso concreto de España, la manipulación de la opinión pública a través de los medios de comunicación es mucho más evidente. Resulta nauseabunda la ambivalencia con la que la cúpula gobernante trata las cuestiones referentes a la violencia, al poder coercitivo, y como a través de sus vasallos los medios, manipula la información de forma que a la población cierto tipo de violencia le parezca justificada y otro tipo injustificable.

El belicista es el Estado que espera a que se produzcan muertes para actuar ante la desgracia de los deshaucios. Es la banca que apretó el yugo de las familias sin recursos, apoyada por un gobierno que colaboró en todo momento con prácticas especulativas irregulares. Estas formas de Terrorismo de Estado son las que parece que nos cuesta ver puesto que son las que los medios (en su omnipotente diversidad) ocultan a la sociedad. Los medios occidentales apenas tratan de formar e informar, más bien se centran en entretener o incluso “anestesiar” a la población a través de “ruido” informativo que actúa a modo de soma, como en la magnífica obra de Huxley “Un mundo feliz”, desarmando la capacidad argumental de la sociedad, “deseducándola” y creando odio, un sentimiento que sólo puede existir en ausencia de toda inteligencia.