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Verdadera imagen de la Marca España

  La Marca España, ¡qué tiempos aquellos en los que nuestro país únicamente era reconocido por sus alpargatas y sus botijos!, aquellos en los que las naranjas, el flamenco, la paella, la playa, la fiesta y los toros eran los estereotipos de una sociedad que vista desde fuera parecía el paradigma del despiporre. Esa época de “Manoletes, Joselitos y Cordobeses”, y no de “Picassos, Lorcas u Ortegas”, oscura sin duda, pero no tanto si la comparamos con la visión que ofrecemos hoy, que ha pasado de ser de país de pandereta a ser de cueva de bandoleros. 

-¿Y para el Fondo Monetario? -Pues salchichón, ea. Es igual que una reconocida marca de embutidos trate de gastar su capital publicitario en (vamos a decir) “mejorar” la imagen depauperada de España, si por cada libro que se edita por un autor español, un político es imputado; si por cada selección deportiva que conquista el mundo, se conoce un nuevo caso de corruptelas en los partidos políticos; si por cada jóven que acaba sus estudios, otro emigra para “buscarse las habas” en el extranjero. Tratan de hacernos sentir culpables de esta crisis, aprietan nuestros cinturones con reformas laborales que “flexibilizan el mercado” y privatizan nuestra educación y sanidad, cerrando urgencias en pueblos aislados porque “es necesario para reducir el déficit”, y mientras, al ex-tesorero(cargo que le viene al pelo) y ex-senador del Partido Popular, Luis Bárcenas, se le descubren cuatro cuentas millonarias en paraísos fiscales;¡vaya ejemplo de austeridad y compromiso fiscal con España!, y como el suyo el de Urdangarín, Camps, Pujol y un innumerable séquito de cuatreros que con lo que le han robado al pueblo se podría convertir el déficit en superávit. El déficit, ese lastre que llevaremos colgado de nuestros cuellos hasta que al gobierno le de la gana de acabar con el fraude fiscal, la corrupción y demás “imágenes corporativas” de la Empresa Pública.

  Pero ante esto, usted tiene derecho a desgañitarse frente a la subdelegación del gobierno de su ciudad una horita para luego volver a su casa a ver los informativos en los que se anuncia un nuevo recorte de derechos y una nueva absolución de un político corrupto. Tiene derecho a quejarse, sin practicar violencia alguna (ya sea física, verbal o textual), déjenos a nosotros el poder coercitivo, al Terrorismo de Estado y usted entreténgase con su fútbol.