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  Venezuela vive uno de los momentos políticos más tensos de los últimos años. Su máximo mandatario y líder del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), Hugo Chávez, se debate entre la vida y la muerte a un solo día de la que tendría que ser su toma de posesión.

Chávez frente al Palacio Presidencial de Caracas en 2002

   El enemigo al que se enfrenta ahora el líder venezolano no es ni político, ni mediático, ni económico; no es otro que el cáncer, un viejo conocido. Desde junio del pasado 2011 Chávez ha tenido que viajar a La Habana para ponerse en manos de los mejores médicos (sí, son médicos cubanos y están mejor preparados) en más de diez ocasiones para someterse a diversas operaciones y tratamientos de quimioterapia. Los resultados son los que son, y es que ya se sabe que el cáncer es un rival correoso y que a veces reaparece cuando se cree totalmente extinguido. Pero esta circunstancia no ha debilitado el espíritu revolucionario del líder bolivariano que, lejos de dejar de lado sus compromisos políticos, ha conseguido enfrentar a sus opositores en las urnas tanto en los comicios generales como en los regionales, consiguiendo unos resultados más que satisfactorios que reafirman al socialismo como la “alternativa” que el pueblo latinoamericano escoge ante el capitalismo feroz e imperialista globalizado por los esbirros del Águila Calva.

  Pero el cáncer no es el único enemigo de la Revolución Bolivariana. Los países de corte neoliberal y los medios de comunicación masivos, que sólo responden ante los intereses monetarios de sus amos, han decidido comenzar (continuar) una campaña de hostigación contra el gobierno venezolano. En España, el líder de esta campaña no es otro que el diario ABC, voz del Grupo VOCENTO, que nada tiene que envidiar en cuanto a conservadurismo se refiere al Grupo Planeta o al nuevo Grupo Prisa de Liberty Aquisition Holdings. Durante días, éste diario ha dedicado páginas y múltiples portadas a depauperar la imagen de un hombre que no puede defenderse, especulando sobre la posibilidad de un coma inducido o incluso de su muerte, acusándolo de preparar comandos armados ante una posible derrota electoral, y en definitiva divagando sobre informaciones cuestionablemente contrastadas que no se ajustan a la realidad, o lo que es lo mismo, pasándose el código deontológico periodístico por el “arco del triunfo”, si es que este código todavía lo respeta alguien en este circo mediático, que no hace más que acusar a Chávez de dictador por delegar su puesto en Nicolás Maduro en lugar de convocar elecciones. Es obvio que no se tienen que convocar elecciones puesto que el pueblo venezolano ha elegido a un partido, el PSUV, no a un hombre, y en ausencia del número uno de ese partido, las funciones de líder corresponden a Nicolás Maduro. ¿O acaso Esperanza Aguirre convocó nuevas elecciones en la Comunidad de Madrid tras dejar su puesto como Presidenta?, no, dejó los mandos de la nave al ya cuestionado Ignacio González.

  Pero no es la primera vez que los medios extranjeros se entrometen en asuntos de Estado de países como Venezuela, Honduras, Ecuador o Cuba. Muy presente tenemos el caso del recientemente repatriado Ángel Carromero, un hombre que es tratado como poco menos que héroe por la Cúpula del partido en el que milita tras haber sido artífice de dos homicidios involuntarios por conducir de forma temeraria. El gobierno cubano lo “retiene” (ha cometido un delito) y la prensa española vuelve a lanzarse al cuello del gobierno de Raúl Castro. No me quiero imaginar qué hubiese pasado si el conductor hubiese sido militante de un partido de izquierdas (izquierdas verdaderas) y los muertos hubiesen sido también opositores al gobierno cubano, seguro que rodarían cabezas. “Pero por ser un mártir de los comunistas te concederemos el tercer grado, total, en este país si perteneces a la aristocracia te libras de la cárcel hagas lo que hagas”, ¿o es que alguien se creyó eso de “la libertad es igual para todos“?.

El disidente cubano Orlando Zapata Tamayo

También recordamos el caso del terrorista Orlando Zapata, un delincuente común amigo de EEUU que decidió entrar en huelga de hambre tras ser encarcelado por delitos que había cometido. ¿Muerte evitable?, tal vez, pero se trataba de un delincuente cubano encarcelado de manera justa y entrar en huelga de hambre fue decisión suya. Si todos los delincuentes comunes se pusiesen en huelga de hambre para exigir su libertad, ¿habría que otorgársela?, lo dudo. Habrá quien afirme que fue encerrado sólo por sus ideas, pero las ideas generan actos. ¿No está Arnaldo Otegui pudriéndose en la cárcel por sus ideas?, pues Zapata no fue menos, ya que apoyaba abiertamente el terrorismo contra el gobierno cubano.

   No sé si llego al fondo del asunto, pero para este tipo de dudas lo mejor que se puede hacer es un ejercicio de empatía. Imagínese (por ejemplo) que ante la huelga de hambre de Iñaki de Juana Chaos la prensa internacional decide comenzar una campaña en favor de su liberación por ser un “represaliado político” y se inmiscuye de forma diplomática (como hizo la Union Europea en el “caso Tamayo“) en el asunto. No se lo imagina, porque es impensable, escapa a la razón, pues póngase en el lugar de los cubanos. ¿Qué pasaría si en una manifestación contra el gobierno de Venezuela hubiese heridos y detenidos?, que serían “presos políticos” y “mártires de la libertad”; en España nos gusta llamarlos “antisistema” “radicales”, o “perroflautas”.

   Lo que más me gusta de esto es que seguramente este artículo caerá en el anononimato, pero con algo de suerte será tachado de proabertzale; nada más lejos de la realidad. En este texto simplemente se están estableciendo unas comparaciones legítimas, eso sí, que levantan picores a mucha gente por el simple hecho de ser la verdad. No se engañe, en España también hay “presos políticos” (si así quiere llamarlos) que el único delito que han cometido es el de pensar de forma diferente al “stablishment“: Los músicos Pablo Hasel y Marc “Hijo de Sam”, y el secretario general del PCE(r) Manuel Pérez Martínez (“camarada Arenas”) son ejemplos de personas que ocupan o han ocupado lugares en prisión que corresponden a los verdaderos enemigos de la democracia, entre los que se encuentran Iñaki Urdangarín, Francisco Camps o Rodrigo Rato; y otros tantos políticos que, con su gestión corrupta, han sumido a este país en la peor crisis económica, moral y social, si no de la historia de España, de la historia de la “democracia”.