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  El día 15 de noviembre parece una fecha inmejorable para tratar de analizar la jornada de huelga de ayer (y otros hechos que afectan a España) ya que en el fervor de la reivindicación se corre el peligro de disolver la objetividad entre la pasión ideológica.

   Sea lo que fuere, hablar de los tópicos del día de ayer parece una futilidad. ¿35.000 o 2 millones en Madrid? En A Coruña se concentraron unas 65.000 personas, de lo que deducimos que en Madrid caben “unas poquitas más”. En fin, lo que sí resulta preocupante en esta nuestra sociedad es la vulnerabilidad, la narcosis (de la que habló el sociólogo Charles Wright) frente a los medios de comunicación, que muchas veces deriva en el conformismo político. Es curioso, por ejemplo, observar como un sector de la población (y del gobierno del Partido Popular) se dedica a tratar de desarbolar la labor de los piquetes alegando que utilizan una forma de actuación coactiva y violenta que desvirtúa los pilares sobre los que se establece el Estado de Derecho; la delegada del gobierno de Madrid, Cristina Cifuentes hablaba de “dificultar” la creación de estos piquetes, de “impedir que llevasen a cabo su labor coercitiva que va en contra del derecho a trabajar”.

   Resulta nauseabundo (no, no pido disculpas por la expresión, sino utilizaría otra) la ambivalencia con la que esta cúpula trata las cuestiones referentes a la violencia. Claro que la gente tiene derecho a trabajar, pero no nos damos cuenta de que los que salen a manifestarse (y a recibir palos de los antidisturbios) lo hacen para mejorar las condiciones laborales de los que abren su negocio o acuden a su empresa, trabajar un día de huelga como el de ayer supone ejercer la obligación de ser esclavo, de sucumbir ante las amenazas de despido de los jefes (¿eso no es coercitivo?), de claudicar ante el Leviatán neoliberal en el que se ha convertido nuestro (continente) país. A las personas que apoyan esta argumentación “anti-violencia” del gobierno me gustaría informarles de que, en el mismo momento en el que diarios como La Razón o ABC  publican las fotos de los piquetes, y los dirigentes políticos se llenan la boca hablando de la violencia de la oposición, Gaza está siendo bombardeada por un estado AMIGO de España, Israel. Y el ministro de exteriores, José Manuel Margallo, lejos de condenar un bombardeo indiscriminado a población civil, apoya al esbirro judío del Tío Sam en las cumbres de la ONU.¿Quién es el belicista?

   El belicista es el Estado que espera a que haya muertos para actuar ante la desgracia de los desahucios. La banca, que apretó el yugo de las familias sin recursos fue apoyada por un gobierno que colaboró apartando la silla del vecino que se ahorcó en Hospitalet de Llobregat. Estas formas de Terrorismo de Estado son las que parece que nos cuesta ver y cuando tenemos la oportunidad de levantarnos en su contra, nos quedamos en lo “coactivo de los piquetes”. No es casualidad teniendo en cuenta que contamos con un sistema mediático que actúa como sostén y monopolizador del discurso social. Para muestra, un botón.

  (al poner Gaza en Google, lo primero que aparece no es el bombardeo a la población civil de esta noche, los niños que han sido asesinados, ¿al servicio de quién están los medios?)

     Y mejor no comentar las portadas de los diferentes periódicos con esa línea editorial tan diversa, (La Razón, La Gaceta, ABC, El Mundo, El País «el NUEVO País», Libertad Digital, etc.) es para enorgullecerse. No nos extrañemos después de que existan dos Españas, si los que deberían representar al pueblo (Estado y Medios de Comunicación), sólo representan posturas extremas que ensanchan esa división practicando la hipocresía y el cinismo, la mentira. Tratan de anestesiar a la población en lugar de educarla, de informarla de verdad. Lo más probable es que esta reflexión no aclare las ideas de nadie, pero es lo que uno saca en limpio tras vaciar su mente de juicios anticipados, el odio es un sentimiento que sólo puede existir en ausencia de toda inteligencia, y en España sobra de lo primero y de lo segundo vamos bastante justitos.