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La administración pública española no ha conseguido superar los clichés que arrastra desde el Romanticismo. Ya lo explicaba el bueno de Mariano José de Larra en Vuelva usted Mañana: “El ministerial anda a paso de reforma; es decir, que más parece que se columpia, sin moverse de un sitio, que no que anda. Poco ha cambiado la situación en estos últimos dos siglos.”

Invito a cualquiera que lea este texto a que trate, durante el mes de agosto, de ponerse en contacto con un “ser humano” en el teléfono de atención al ciudadano del Ministerio de Educación. Es, si no imposible, quimérico. Durante más de dos horas he intentado ponerme en contacto con alguien “no robotizado” para consultar una simple duda sobre la ayuda económica para continuar mis estudios. Ninguna respuesta, ya no es el “vuelva usted mañana”, es el inmovilismo de la Administración Pública, que ha avanzado hasta el punto de que la comunicación se ha convertido en una tarea imposible; el avance de la sociedad es inviable mientras nuestras Instituciones continúen ancladas en el arcaísmo y la oxidación. ¿Cómo vamos a mejorar, cómo salir de la crisis remando si los que tienen que remar más fuerte, lejos de hacerlo, zurran a los que menos capacidad tienen? No cambiaremos mientras la respuesta del “robot”  siga siendo “todos nuestros responsables están ocupados, inténtelo de nuevo en unos minutos”, porque esos minutos se convierten en horas y sigue si aparecer nadie, deben de estar demasiado ocupados. Pero, aún sabiendo esto, el Gobierno insiste en recortar más en funcionariado, en educación, etc. Hay que optimizar la eficacia de lo que tenemos en funcionamiento, no indultar la corrupción, la vagancia y la gerontocracia de la administración.

No vale la pena extenderse más con este tema, todos sabemos cómo funciona la burocracia cuando se corrompe, pero preferimos permanecer callados hasta que nos afecte de primera mano. Así nos va en España, sólo funcionamos con fusta, seguiremos hablando con robots hasta dentro de doscientos años, que será cuando ni el teléfono nos cojan (si es que sigue existiendo la Educación).