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En estos últimos días y con el revuelo formado por los Juegos Olímpicos de Londres el Ejecutivo de nuestro país ha aprovechado para poner de manifiesto su gran pertinencia. Además de por sus cuestionables políticas pseudoneoliberales (porque ni tan siquiera son neoliberales, son un batiburrillo de mezcolanzas ideológicas y económicas de su enrevesada mente) conocemos a Mariano Rajoy por lo acertado de sus comentarios en las situaciones más oportunas.

A finales del 2001, tras el hundimiento del petrolero Prestige en las costas gallegas, Rajoy, por entonces Ministro de Interior, vertió sin compasión una frase que todavía duele en los tímpanos de miles de gallegos: “Son unos hilillos de plastilina”, unos hilillos que costaron, además de cerca de 2.000 millones de € en daños ambientales, la salud de nuestro ecosistema, nuestro tesoro más preciado; ese hombre hoy es el presidente de todos los españoles. Y mientras mueren brigadistas en los incendios que devastan Catalunya, Valencia y Canarias (entre otros lugares) Marianito se calza sus fanequeras para disfrutar de baños estivales en la playa pontevedresa de Silgar, en Sanxenxo; mientras los parados siguen sin saber si recibirán el subsidio de desempleo de 400 euros (balón de oxígeno para sus familias) Rajoy cena en los mejores restaurantes de Cabanelas. Gran ejemplo, como siempre. Obama y Monti (con sus estados en ligera ventaja económica sobre España) renunciando a sus vacaciones (solo faltaría) y nuestro líder sin prescindir de su canicular bañito de rayos UVA en las Rías Baixas, penoso.

Y por si esta conducta no fuese lo suficientemente deleznable el señor Arias Cañete, Ministro de Medio Ambiente, ha decidido que la mejor forma de combatir los incendios, además de con la tijerita de su amo, es mirando para otro lado y disfrutando de una jornada de exquisito arte taurino con el Rey Juancar. Veamos como aniquilan a un ser vivo mientras otros se queman. Si señores, “This Is Spain”! Después de unos buenos Juegos Olímpicos nos llevamos el oro en la especialidad de “Mentiras, enredos y falacias”.

La sociedad debe de tomar una decisión. O abrimos nuestra mente y nos liberamos de nuestros prejuicios sociales y comenzamos a actuar en consecuencia, o seguiremos esposados a merced de especuladores, políticos, medios y círculos sociales. Nosotros tenemos la llave de esas esposas, nuestra desobediencia civil es nuestra palabra más sonora, hagámosles saber que no nos representan lo más mínimo, decidamos utilizar esa llave.