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Los nichos de creación de empleo son difíciles de imaginar en un país que recorta sus inversiones en I+D+I  y sigue buscando en el sector de los servicios y el la recuperación de la construcción las boslas de ocupación.

En el presente hay un millón de viviendas por vender y el turismo toca techo en cuanto a número de visitantes, que por otro lado consumen menos en sus estancias.

Antes del estallido de la crisis parecía que el ocio y los cuidados a la tercera edad y a los dependientes en general eran sectores en crecimiento exponencial para crear puestos de trabajo. Pero esa tendencia se frustró sin que afloraran opciones de recambio. La vuelta al campo, buscando una economía de autoabastecimiento, no tiene predicamento por falta de apoyos planificados y tal vez de vocaciones.

Queda pues el recurso a las industrias de nuevo sello, punteras, que ponen el foco en la calidad y las ventajas competitivas. Aquí hay ejemplos meritorios en el parque empresarial de San Cibrao, en Ourense, si bien se trata de empresas de tamaño muy contenido y gran desarrollo tecnológico.

Este es el camino para la creación de riqueza y de puestos de trabajo con consolidación a través del tiempo: centros de producción de gran especialización a nivel de exigencia a los que no atañe la amenaza de deslocalización.

Pero ese flujo de generación de empleo no llega ni a absorber a los nuevos incorporados al mercado laboral. Si no queremos admitir que sobran cuatro millones de trabajadores es preciso un cambio de sistema, focalizar los recursos en la industrialización, reorientando la inversión cara a sectores de producción de energías alternativas, alimentación biológica, movilidad y transporte, biotecnología para un desarrollo sostenible, recuperación y aprovechamiento racional de los recursos naturales, de las rías, la puesta en valor del monte y la modernización agropecuaria en un espacio rural vertebrado con el urbano.

Falta todo por hacer para ofrecer alternativas a una economía obsoleta basada en la especulación urbanística y en el turismo masivo y barato.

Mientras el Gobierno centre todas las medidas en los recortes la balanza seguirá siendo deficitaria en este país que necesita incrementar la competitividad no por la vía de reducir los salarios hasta asfixiar el consumo interno sino a través del avance tecnológico, su implementación real en el mundo de la industria, y la generación de patentes que conlleven un retorno económico sensible desde las economías emergentes que las utilicen.

Pero de esto como de tantas otras cuestiones que están haciendo crecer la alarma social no tocaba hablar el pasado viernes, según la prepotencia de un presidente que confía en la línea maestra de un economista de poca monta, coartífice del hundimiento de la banca piramidal y de los artefactos especulativos que desataron la burbuja y que ahora viene mereciendo atribuciones completas por su despiadada aplicación de recetas neoliberales.

¡Una pena que una de las pocas cosas que estaban cambiando con el gobierno socialista se haya visto frustrada hace siete meses!: la política activa de la ministra Garmendia en el impulso de la innovación  y de la colaboración estrecha entre Investigadores-Universidad y Empresa. España da pasos de gigante hacia el pasado y el distanciamiento con la Europa de la primera velocidad.