Etiquetas

, , , ,

El cielo se cae sobre nuestras cabezas y no sólo de forma figurada, también se hace realidad el momento que durante innumerables historietas hizo temblar de pánico a los galos más intrépidos de la literatura, Astérix y Obélix. El lío con Bankia, el déficit, el paro, las protestas, la prima de riesgo, el apogeo del neofascismo ante la crisis…cualquiera desearía que el cielo cayese y sobre algunos con más fuerza que sobre otros, pero el asunto no es para tomarlo a broma.

Hace unos días publiqué una entrada en la que mostraba el documental de Michael Murphy “¿Qué nos están fumigando?” en el que se explica la amenaza de las fumigaciones indiscriminadas que se están realizando en todo el globo para “frenar el cambio climático” a través de la expulsión desde aviones a reacción de partículas de aluminio en la estratosfera. En el vídeo un gran número de profesionales explica los perjuicios que supone el tener este “huésped” flotando sobre nosotros, efectos negativos para plantas, animales y personas. Lo cierto es que resulta todo un poco extraño, ¿por qué iban a hacer algo que nos hiciese tanto daño a todos? Pues he ahí el quid de la cuestión: A TODOS: porque existe un pequeño grupo de personas económicamente interesadas en que esta actividad se lleve a cabo, ¿quién?, no está claro, pero todas las pruebas indican hacia las plutocracias más poderosas del globo, creadas a partir de los beneficios de grandes multinacionales, una de ellas MONSANTO. En el documento que se abre al pulsar sobre el anterior hipervínculo se justifica esta declaración.

Aunque confío en que hay un gran número de personas implicadas que piensan en su futuro y en el de las personas que le rodean, también supongo que existirá gente que se muestre escéptica ante un hecho tan espeluznante: “a mi no me afecta”, “eso son tonterías”, “problema de los estadounidenses, como todo”. Invito a esas personas que pueden tacharme de suspicaz a que alcen su cabeza en un bonito día de Sol y que se fijen en el cielo, a lo mejor algún día son ellos los sorprendidos al ver estelas de humo extravagantes en los lugares donde viven. Por lo pronto, yo he hecho esto por la mañana en Santiago de Compostela y me he topado con la evidencia de que el cielo se cae sobre nuestras cabezas.