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Ya hace unas semanas que cerró la edición impresa de uno de los últimos “paladines” de la objetividad en los medios de comunicación de este país, el diario Público. Pero no se trata simplemente de objetividad, los mass media están perdiendo su pluralidad en favor de una homogeneidad informativa teñida de un único color, el verde.

Todos sabemos que en el mundo de la comunicación, como en casi todo en esta vida, el poder económico ejerce una influencia demasiado fuerte, algo que afecta gravemente a la calidad de la información final que llega al receptor. En “Euro y Yanquilandia” nos jactamos de gozar de libertad de expresión y nos llenamos la boca hablando de forma injuriosa de la censura que sufren en países como Venezuela o Cuba. Mientras, ignoramos un proceso de censura subterránea que se está dando en nuestras fronteras y paulatinamente, los únicos medios que sobreviven a la “purga” de la crisis económica responden a una única línea editorial. Mediaset España (propiedad de Silvio Berlusconi) y la Conferencia Episcopal (Intereconomía, Cope, La Gaceta) entre otros dominan el marco informativo español, empresas que presumen de objetividad y calidad informativa cuando en realidad presentan una parte ínfima de una realidad deformada por ellos y que además arengan conductas anticonstitucionales en programas como “El Gato al Agua”, que trata de mostrar una imagen humanizada del período franquista; por no hablar de Libertad Digital, que presenta el mayor de los embustes en su propio nombre.

Puede que en Venezuela censuren la libertad de expresión, pero por lo menos no son esclavos del Nuevo Orden Mundial del Tío Sam. En España, además de ser esclavos de Wall Street, nos meten en la cárcel por “injurias al rey”, un rey que, por cierto, mando callar en público al mismo Chávez.